P de Platónico
PersonajesQué categoría poco generosa pensar en un amor platónico en el cine, es casi la redundancia más innecesaria para nosotros/as que dedicamos nuestras vidas a entregarnos al asiento frente a una pantalla, una proyección, una foto, una idealización lejana de una realidad más o menos verosímil que la de uno mismo. Podría hacer un esfuerzo en decir por qué probablemente Tangerine de “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” evoca lo platónico en múltiples niveles, para después toparme con que tal vez no hay mayor invocación platónica que Scarlet Johansson en “Her”, y caer de bruces ante el recuerdo de Uma Thurman en “Pulp Fiction” como la dama intocable y su jovial baile, hasta su infortunado coqueteo con la muerte, podría quedarme en estas películas clásicas del mainstream para evidenciar que mi condición de cinéfilo no es otra que la de amar lo observado, tal vez, sin más formación que esa.
Podría hacerlo, Tangerine tiene unas frases icónicas como cuando dice que la gente suele idealizarla, y que ella no puede ser lo que esperan de ella, que ella no es mejor que nadie, que ella no puede darles lo que están necesitando a esas personas. De “Her" me acuerdo poco, tal vez no es necesario hacerlo, si lo que queda de esa experiencia no es más que unas armonías sueltas análogas a un perfume de la voz de S. J. y un par de gestos imborrables de Joaquin Phoenix. La condición de estas dos invocaciones de lo platónico es justamente que además de ser imposibles, una podría ser un sueño y la otra ni siquiera existe. Por no hablar entonces de la más imperfecta de las tres, aunque es una maximización poco generosa esta que estoy haciendo, estoy exagerando solamente porque el personaje que hace U. T. es el de una drogadicta con un encanto atávico, como arrancado de una estatua virginiana algo manchada volviendo insolente el acto de observar, volviendo palpable lo etéreo, e intocable lo imaginable. La pregunta para mí sería ¿qué la vuelve más plátonica que las otras dos? Si es que así fuera, si es que existiera una preferencia de unas sobre otras como amores platónicos. Si es que por todo este tiempo hayamos negado fervientemente que mientras hablábamos peroratas simbólicas sobre tres grandes personajes para quitarse el sombrero, esperaba a ser nombrada Natalie Portman en “V de Venganza”, aunque para esta última mención me temo que no tengo muchísimos más argumentos que, y quizás esta es la verdadera condición sine qua non (o como se escriba) del amor platónico, es decir: el capricho irracional; el nodo interno por el que lo evidente se vuelve suplicio ya que es una manifestación irrefutable de un deseo inocuo, insípido, inoloro, inexistente, platónico.
Hasta aquí fueron cuatrocientos algo palabras, y como seguir escribiendo sería una redundancia tal vez más vil que la de exigir a la comunidad cineasta elegir un amor platónico, estoy escribiendo palabras más palabras menos para, como dicen en mi barrio, cumplir con el cupo, ahre, mentira, no dicen así, y así me voy.
Ya me acordé de quién creo que es para mí el amor platónico por excelencia, entre tantos otros, hablo de Hellen Mirren en “El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante”. Conclusión: no existe tal amor platónico.

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