El poder del miedo

Narrativa

"No hay buenos amigos, ni malos amigos,

solo personas con las que uno quiere estar,

necesita estar, gente que ha construido

su casa en nuestro corazón"

 

"Algunas cosas hay que hacerlas 

aunque sean peligrosas."

 

Stephen King. IT.

 

 

 

                          La semana pasada estaba en un evento social, y no me pregunten por qué, pero terminamos hablando de nuestra infancia junto a un amigo y una desconocida. Recuerdo sí que estábamos en el medio de una conversación típica una vez que tenés más de treinta años, en la que hablábamos pestes de las generaciones actuales. Esas pestes no son ni más ni menos que la envidia que genera su juventud, la aventura que no se saben protagonizar en la que todo es posible y los mayores pesares de la vida quizás aún no los han vivido. La maravilla de ser adolescente, de ser niño. La infinitud del juego. La intensidad de las creencias, la perfección de la ignorancia. Y en el medio de la charla, la chica desconocida cuenta que ella de niña no podía quedarse sola en el baño porque su hermano mayor le había instalado el miedo a aquello que pudiera salir de la canilla o del desagüe.

 

                          Al día siguiente yo mismo tuve mi propio viaje al pasado. Como si se hubiera librado un recuerdo aprisionado, me acordé que yo también tenía pánico de quedarme solo en el baño. Y yo no tenía hermanos. ¿De dónde venía este miedo? Me acuerdo que le pedía a mi mamá que me acompañara charlándome desde el otro lado de la cortina mientras yo me bañaba, o le mentía para que me trajera algo que me faltaba y así retenerla hablando. No quería quedarme solo. Y cuándo finalmente sucedía, porque tarde o temprano me tenía que quedar solo para cambiarme, abrir la cortina del baño era lo peor. Y admito que todavía existe un ápice de resquemor cada vez que hoy día, casi 35 años después, abro las cortinas del baño. ¿Con qué me encontraré? Y, lo más raro de todo: ¿a qué le temía?

 

                          De a poco, lo recordé todo. Como no tenía hermanos, sí tenía mucho vínculos con mis primas y mis primos. Me quedaba a dormir en sus casa y era feliz. Una vez, dos de mis primas (una más grande que yo y otra más chica) me contaron que habían visto una película de terror. Me contaron acerca de un payaso que aparecía debajo de la cama, a través de las cañerías, y que se llevaba a los niños para comérselos. Y yo, en ese momento, no veía películas de terror. No me dejaban, y yo obedecía. Todo lo que bastó para destrozarme, fue el relato oral sobre una película que ni siquiera había visto. Y ese payaso para mí fue siempre una excusa. Nunca lo esperaba a él, como sí esperaba quién sabe qué. Que forma. Que figura. Que asesino. 

 

                           El miedo es una de las sensaciones más rotundas que el humano puede sentir, quizás una de las más poderosas, y también de las más intraducibles. Es lo que es, y eso se siente adentro de uno. Y sin embargo, aunque nunca alcancen las palabras para explicárselo a otro, ese otro nos va a entender. Nos une el amor, y nos une el miedo. Y sobre eso, habla la novela más popular del autor más prolífico de la historia del género de terror y quizás de la historia de la literatura. Ese autor es Stephen King, y la novela es It.

 

 

La portada de la miniserie del año 1990.

 

 

El salto entre la literatura y la pantalla

 

                            Leí la novela dos veces y las películas las vi tres veces cada una (su respectivas primeras veces en el cine). Claro, cada una digo porque la última versión de IT fue partida en dos, siendo la primera entrega del 2017 y la segunda del 2019. Dirigidas ambas nada más y nada menos que por un realizador argentino llamado Andy Muschietti, el cine corre una vez más el apasionante y terrible riesgo de convertir una novela icónica en relato audiovisual. La versión de 1990 la vi de grande pero realmente se me perdió en la memoria. Recuerdo un final desactualizado para el ojo moderno, con una tecnología mucho más precaria, pero también recuerdo un antagonista terrible y excelentemente interpretado. 

         

                          Voy a tomarme una libertad maquiavélica y propia de un guion audiovisual. El último apartado de esta nota, develará algo que les aseguro que quienes no leyeron el libro, no pueden siquiera imaginar acerca del final de la novela. Pero no puedo decirlo ahora porque todavía no tenía motivo de ser y porque me gusta generar suspenso.

                        

                          Agradezco volver a verla una vez más para ver tantas cosas que no había visto o descubierto. Y además me agradezco verla literalmente al día siguiente de terminar por segunda vez el libro de aproximadas 1500 páginas. Tengo la información y las emociones frescas, y un entusiasmo juvenil que me encanta. 

 

                          Está claro por el argumento, por la tapa del libro, por quién es su autor, que estamos frente a un relato de terror. Sin embargo, entiendo gracias a Muschietti aún mucho más que leyendo el libro, que la trama de IT es mucho más que un camino siniestro. Descubro muy gratamente lo exitosa que es la película para relatar aquello que también es el símbolo del libro y probablemente así también lo sea en mucha de la bibliografía de Stephen King: la amistad. En este caso, la amistad de un grupo de niños entrando en la adolescencia (como sucede en su libro de The Body, adaptado en la reconocida película Stand by me). Ambas películas, especialmente la primera, narran sin apuros, generan climas en escenas sin torpeza ni urgencia marketinera, con el objetivo de construir el estado de bienestar del relato y de sus personajes. En líneas generales, los relatos aciertan siempre que no se apresuran. Sin gritos ni ritmos obscenos, con tranquilidad y desde ya con escenas bien escritas e interpretadas, tendremos el gusto de conocer a quiénes acompañaremos a lo largo de un relato. Y en una estructura narrativa como la que presentan las tramas épicas, los policiales, el terror o casi todos los tradicionales relatos de tres actos, necesitamos entender y sentir el estado de calma previo a su destrucción. Es en el primer acto donde nosotros espectadores, disfrutaremos de los personajes y podremos quererlos, o al menos conocerlos. Gracias a la exactitud de las escenas diseñadas y a que los niños actores son sencillamente perfectos (con una mención especial al actor que hace de Eddie), la primera película es una orquesta ideal. IT es la historia de un grupo de amigos, de como se forja una amistad verdadera frente a un mundo hostil, y como esa amistad prevalece porque la fundó el amor y el mayor de los miedos. 

 

                    Claro que en la adaptación del libro a la película, y específicamente sobre el diseño de los personajes y su pasado, se modifican algunas cosas, desde padres que no están en la película, eventos traumáticos de los q participaron y que forjaron sus traumas en el presente. En casi todos los casos las decisiones fueron precisas para condensar muchos detalles del libro en un solo disparador suficiente. Es decir, los eventos traumáticos de cada personaje fueron pulidos para que sean fácilmente comprensibles, igualmente poderosos, y que alcancen para sostener el verosímil y la fuerza de motivación de toda la larga historia. 

 

 

                             Al igual que la novela, respetando enormemente la esencia del estilo de Stephen King, en la película se condensan dos grandes estéticas propias de dos géneros muy distintos entre sí que normalmente no son combinados en los relatos. Por un lado el melodrama infantil, propio de tantísimos relatos que podemos encontrar inclusive en la misma plataforma donde IT está (Disney), y el género del terror. Si bien me encanta leer y pasar tiempo en muchos de los universo de la literatura de Stephen King, siempre sentí cierta extrañeza en el vértice en donde se unen dicho géneros. Hablo de el resultado de combinar un relato de terror con un grupo de niños protagonistas. Esa sería la zona de unión. Y en la película, específicamente en lo estético, aquello que por momentos pareciera sentirse extraño de combinar, también es lo que en muchos momentos es un gran acierto. La combinación de escenarios tétricos con humoradas de niños que no saben como manejar una situación, o un monstruo diseñado con rasgos tanto horríficos como de una evidente fábula infantil (después de todo, mucho de lo que sufren los personajes lo imaginan ellos mismos desde sus más privados traumas). Si lo siniestro es aquello familiar que se vuelve extraño, la materia prima de lo infantil es potencialmente lo más siniestro que existe. Un monstruo devorando la cara de una niña, un niño arrastrándose mutilado y sangrando por el suelo, es un gesto de enorme valentía, que a la vez respeta perfectamente al libro en el que se basa. El director no tiene miedo a mostrarlo y a usar ese vértice de conexión como un fundamento de relato y estético, y es en ese punto donde se vuelve poderoso y a su vez autoral. 

 

                            La segunda entrega, al centrarse en ellos de adultos y estratégicamente alejarse de una estructura imposible de ser copiada de la novela, lleva una fórmula distinta a la velocidad de la primera. Toda la película se siente climática, conoceremos a los personajes de adulto ya en la acción de las circunstancias a resolver, y es la propia trama más que ellos la que nos llevará hasta el final. De alguna manera, la primera es una película más de personajes, y la segunda una película mucho más épica y de acciones. Sin embargo, el éxito de la elección de los intérpretes adultos, ya sea por su parecido y por la composición rápidamente identificable con su versión de niños, es irrefutable.

 

                            Desde ya que adaptar una novela tan pero tan larga, tendrá sus pérdidas. El éxito de Muschietti y equipo, es que existió un trabajo de relojería en la elección de qué y cómo contarlo, y las películas fueron fieles a dicha elección, autónomas en muchos sentidos de la novela original, pero siempre honrándola y respetando muchos detalles y su esencia. Quizás para apreciar la magnitud de la novela y la cantidad de escenas increíbles que escribió el autor, se necesita una serie de entre una y dos temporadas. La elección de contarla en dos películas demanda un enorme sacrificio del material, pero su director hizo lo mejor que se podía hacer para que eso se vuelva posible, querible y recordable.

 

                                                                              

El dato secreto
 

                          En la historia los personajes enfrentan sus miedos y a la propia entidad que representa IT dos veces. De niños, y de adultos. En la película, de niños lo vencen aprendiendo a no temerle, faltándole el respeto, dañándolo con objetos que normalmente no lastimarían ni a un humano. Y en la novela, el enfrentamiento físico tiene algo de eso, pero en determinado momento, los niños no saben como salir del sistema de alcantarillas en el que acaban de vencerlo por primera vez. El pánico los aleja de sobrevivir, y es en ese miedo que IT se vuelve fuerte. Los niños en ambos formatos, vencen por la unión, por la amistad y el amor que los une. Incluso en la película, Ben, enamorado de Beverly, la rescata de una suerte de sueño eterno y la salva dándole un beso que demuestra su amor. Pero en el libro, Beverly es quien se da cuenta cuál es la única forma de salvarse del mal. De concretar la unión del amor para siempre. La niña se desviste, mientras le dice a todos sus amigos que se dio cuenta cómo hacerlo. 

 

                         Ella los espera apartada en los túneles, y los recibe uno por uno, y hacen el amor. Un grupo de niños de once años, hacen el amor uno por uno con la niña del grupo. Ella los recibe, los conduce, les quita el temor a todos, les seca las lágrimas, los besa. Pero Stephen King, un adulto, cuenta con detalle como cada niño se erecta, como se acarician, y hasta qué es lo que sienta la niña al ser penetrada por cada uno de sus amigos. Me da tapujo escribirlo, y eso mismo me lleva a la enorme sensación encontrada y a la eterna incógnita de qué es lo que motivó al escritor a escribirlo, y cómo sostuvo su convicción.

 

                         Escribiría más y más acerca de este hecho, la novela y sus películas, pero debo concluir esta nota. Stephen King escribe en 1986 una novela sobre el amor a la vida y la fuerza infantil para vencer lo peor del ser humano y una maldad ancestral que domina ese rincón del mundo. Y él, elige contar a través del sexo, la mayor concreción del amor posible y el festejo por sobre el mal. Lo que no puedo evitar sentir al leerlo, aún haciendo un esfuerzo por contextualizar al autor en otra época con otro paradigma, es ese escalofrío de leer con tanta fidelidad al detalle como un grupo de niños y una niña se desvisten y pierden su virginidad. ¿Es tan solo un gesto desinteresado y valiente sin tapujos para relatar un aspecto más de la vida que la cultura ha vuelto tabú? 

 

                                                                                                                                                                          Chesi

Comentarios 2

B
ByeHollywood6 de septiembre de 2024
¡Después de leer este artículo quiero ver la película! En su momento no la vi porque no tenía una clasificación para mayores de 18, y pensé que estaba hecha para niños y que no me iba a dar mucho miedo, jajaja
C
Chesi12 de septiembre de 2024
En respuesta a ByeHollywood: no sé si te va a dar miedo, pero hay momentos que sí creo lo consiguen (aunque es muy relativa a uno la sensación). La aventura es lo que vale la pena

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