Un documental entrañable sobre Leonardo Favio (+ sus 5 películas imperdibles)

Dirección

"A mis personajes los trato con ternura 
porque los he conocido".
Leonardo Favio, 2008

 

Leonardo Favio dirigió en 2008 la que sería su última película, Aniceto. A su vez, con su muerte en 2012 dejó un proyecto inconcluso, una idea que estaba comenzando a bosquejar. Pero, por sobre todas las cosas, el realizador dejó el legado de una obra que es troncal para el cine argentino de todos los tiempos.

Cuando Favio se puso tras las cámaras para la inesperada continuación de su clásico El romance del Aniceto y la Francisca (1967) ya padecía desde hacía algunos años de polineuritis, consecuencia de una hepatitis crónica que derivó, en sus últimos días, en una neumonía que resultó mortal.

 

En paralelo a la épica despedida del director, su hija María Salomé Jury (Pupi Favio para los cercanos) emprendió un registro de esa filmación que hoy, desde esta tribuna, agradecemos.

 

La propuesta de la realizadora, que trabajó en su proyecto junto a Oscar Frenkel, se gana el corazón cinéfilo de cualquiera que se acerque, de cualquiera que alguna vez se haya sentido abrazado por la filmografía de un artista irrepetible.

“Cada vez me gustan menos las películas en Argentina”, apunta el realizador a su hija y colega, coprotagonista también delante de la cámara en el documental Había una vez un mago, que parece filmado y editado en clave de legado de su padre y maestro. Favio sabía que Aniceto podía ser su último film y que, más aún, este registro era, quizá, la última oportunidad de verse en acción y de que el resto de los mortales pudiéramos asistir a una master class del director que contó a la Argentina como pocos lo han hecho en los más de cien años de cine hecho en el país.

 

Hay una escena del film que subraya como ninguna otra el estilo de hacedor. En ella Favio le marca al protagonista, el bailarín Hernán Piquín (el Aniceto del relato) y a la actriz Alejandra Baldoni, una toma en la que él la interpela a ella sobre un hombre con el que la vio. La marcación de Favio es suave pero con la firmeza del caso; el artista/realizador, en ese momento pone en juego su relación con la plástica de la imagen, del relato audiovisual todo, y la puesta en práctica de los fotogramas que imaginó.

El romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más es el título original de la película de 1966, con protagónicos de Federico Luppi (Aniceto) y Elsa Daniel (Francisca). Es una de las historias más amadas por Leonardo Favio y el hecho de que su carrera haya cerrado con una deconstrucción de esa obra nos remite sin escalas a la cita textual que encabeza este artículo.

 

Y esa frase también se abraza con otra situación retratada en el documental que se estrena en la edición de este año del Festival Internacional de Cine Independiente de la Provincia de Buenos Aires*. En otra situación, registrada durante el rodaje, se puede ver a Favio reclamando a sus asistentes por el pelo de una de las actrices, a quien se le hizo un trabajo de color con el que no está de acuerdo.

 

“¿Quién pidió ese pelo? Déjenle su pelo”, arremete un Favio que en más de un pasaje del documental aparece con claras marcas de su enfermedad en el cuerpo. En simultáneo el director le recuerda a su actriz, en tono paternal y a la vez severo: “El pelo con el que viniste a la prueba. Ese pelo quiero”.

“La primera vez que fui al cine vi Rin Tin Tin”, le cuenta papá realizador a María Salomé en una de las charlas que forman parte del documental, en referencia a las películas episódicas protagonizadas por el legendario perro-estrella de Hollywood. “Me llevó mi abuela al cine, me puse a llorar porque matan a un perro y yo armé un escándalo”, rememora. “Tenía 6 años y me tuvieron que sacar”, recuerda entre risas.

 

El cine como una botica de momentos para atesorar es solo una parte de lo que Leonardo Favio le dio a la cultura argentina y al cine universal todo. Su reflexión sobre el trabajador, su mirada hacia los marginados, hacia los que pierden siempre, es única por su estilo narrativo y su pulsión heroica a la hora de plantear escenarios y delinear a sus criaturas. 

 

Favio era consciente de todo eso que está más allá de la superficie de las cosas y sus películas lo dejan en claro. Quizá por eso el valor que el artista le daba a su yo político y a la política como vehículo. "El arte más excelso es el de la política, porque es el arte de construir la felicidad de los pueblos", dispara con la cámara del backstage prendida, que también registra su canon en el orden de la fe: “Mi estilo de vida es cristiano y profundamente peronista, no sé vivir de otra manera”.

 

Pero hay un desarrollo teórico que expande el pensamiento de Leonardo Favio, que es también el de Fuad Jorge Jury Olivera,​ el nombre que figuraba en su documento de identidad. Tiene que ver con el después de perder la batalla, pero no la que pierde una persona sino la sociedad toda. Dice el artista: "El arte, como la cultura, es lo más difícil de reparar una vez que lo que reclinó es la moral de los pueblos, que es lo primero que se deteriora. La situación económica la podés revertir con una política eficaz muy rápidamente. Lo que no va a poder hacer rápidamente es que ese pueblo vuelva a adquirir los valores que lo hicieron un pueblo civilizado, culto, solidario".

 

 

5 películas de Favio que hay que ver sí o sí

 

Crónica de un niño solo (1965)

 

El cine europeo, con link directo a Los 400 golpes (1958) de Francois Truffaut, pegando de lleno en el cine argentino pero con el filtro de un joven realizador ubicado al sur del sur de América y que tenía en la cabeza todo lo que Leopoldo Torre Nilson había hecho hasta el momento. Nada menos que todo esto.

El romance del Aniceto y la Francisca (1967)

 

El primer melodrama de Favio se constituyó con el tiempo en una referencia canónica del género en Argentina. Que cuatro décadas después de haberla estrenado su creador haya decidido deconstruir sus formas para llevar la historia otra vez a la pantalla habla de su centralidad. A por ella.

El dependiente (1969)

 

El propio Favio forma parte del elenco de su segundo melodrama y nada menos que con una ya estelar Graciela Borges como protagonista. Uno de los títulos favoritos de los amantes del cine de Favio.

Soñar, soñar (1976)

 

Un dueto impensado: el boxeador Carlos Monzón y el cantante italiano Gianfranco Pagliaro se unieron a pura intuición interpretativa en un largometraje que parece haber tenido la voluntad de no ubicarse en ningún género. Una rareza genial con estertores de Federico Fellini. 

Gatica, el mono (1993)

 

Su primera película 17 años después de Soñar, soñar puede que sea una de las mejores del cine argentino. La biografía del boxeador José María “Mono” Gatica, ícono de los rotos del deporte del país, no podía filmarla nadie más que Favio. Desborde, poesía con barro y magullones, el exceso como norma. “Dos potencias se saludan”, le dice Gatica a Perón en un encuentro que está en la historia. Pero filma Favio, así que digamos tres potencias.

 

* La 2ª edición del Festival Internacional de Cine de la Provincia de Buenos Aires se desarrolla entre el 4 y el 14 de septiembre, con sede central en La Plata y otras 40 a lo largo del territorio bonaerense. El documental Había una vez un mago forma parte de la Competencia Internacional de largometrajes y tiene en la muestra su premiere mundial.

Comentarios 2

M
Martin Luengo5 de septiembre de 2024
excelente resumen algo que admiro de Favio, es que mucha veces con poco hizo muchos, ya que películas sin grande actores logro grande producciones, mostrándose como un gran director nacional
A
Adriana Piccardo31 de agosto de 2024
Gracias ❤️

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