"Hiroshima Mon Amour"; amor atómico.
Reseñas generales
En 1956 el documentalista francés Alain Resnais estrenó el documental “Noche y Niebla” armado a partir de imágenes incautadas a los nazis una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. El documental relata desde las deportaciones masivas de judíos hasta su exterminio en los diferentes campos de concentración nazi, especialmente Auschwitz en Polonia. El documental fue un éxito, aparece regularmente en las listas de los mejores de la historia y se ha convertido en referencia obligada cuando de representación del holocausto se refiere.
Fue tanta la fama que acumuló Alain Resnais que solo un año después recibiría una particular invitación de la Academia de Cine Japonesa. El motivo, realizar un proyecto documental similar a “Noche y Niebla”, pero esta vez sobre el bombardeo atómico de Hiroshima.
El 6 de agosto de 1945, el ejército estadounidense bombardeó la ciudad de Hiroshima, utilizando la recientemente estrenada bomba atómica del Dr. Oppenheimer y compañía.
Hiroshima pasaría desde ese día a cargar con la historia de ser la primera ciudad en recibir un ataque de tal magnitud. Impactada con la bomba, la ciudad ardió casi en su totalidad. 166.000 personas murieron a causa de la explosión y los incendios posteriores.
La gente sufrió del derretimiento de la piel y de los globos oculares. En los días posteriores se registraron incontables suicidios en los alrededores de la ciudad, especialmente en los campos de refugiados. Del 15 al 20% murieron por lesiones atribuidas al envenenamiento por radiación.
Desde entonces algunas otras personas han fallecido de leucemia y distintos cánceres atribuidos a la exposición y a la radiación liberada por la bomba. La primera transmisión de radio que pudo emitirse desde Hiroshima luego de la explosión y que trataba de avisar sobre lo sucedido al mando central del ejército japonés comenzaba con la siguiente frase. Prácticamente todas las cosas vivas, humanos y animales se quemaron hasta la muerte.
Nueve días después, el emperador japonés Hirohito anunciaba la rendición a través de un mensaje por radio, terminando así la Segunda Guerra Mundial.

El encargo entonces no era menor. La masacre de Hiroshima no tenía comparación en la historia. Porque, a diferencia del Holocausto, que fue un proceso de exterminación sistemático en el tiempo, el bombardeo de Hiroshima fue un acto específico, indiscriminado, efectuado para la destrucción moral, psicológica y militar del enemigo. Alain Resnais visitó Hiroshima y sintió que la tarea era demasiado grande para enfrentarla en formato documental. Principalmente porque el director francés no quería repetir el ejercicio de “Noche y Niebla”, pensando en que ambos sucesos exigían tratarse de manera distinta.
Además, Hiroshima no le era tan cercano como lo era el régimen nazi. Siendo francés, Resnais había vivido la Segunda Guerra Mundial y el holocausto de forma más cercana, siendo su propio país invadido por los nazis y un lugar de persecución antisemita. Decidió entonces cambiar el formato y se embarcó en lo que sería su primer proyecto de ficción.
El director, como hacen los buenos artistas, supo que para este proyecto necesitaba ayuda, por lo que invitó a la novelista francesa Marguerite Duras. Juntos escribieron el guión sobre los andares de una pareja en las calles reconstruidas de Hiroshima. Ella, una actriz francesa que visita la ciudad para grabar una película antibélica. Él, un arquitecto japonés con un matrimonio destruido. Entre ambos nace un particular y efímero amor envuelto en los recuerdos del horror de la guerra, el nazismo, las muertes y los fantasmas de una época pretérita. Esta historia es “Hiroshima Mon Amour”

Un hombre y una mujer cuyos nombres son simplemente él y ella. Se conocen en un café de Hiroshima. Ella está en la ciudad grabando una película antibélica a 12 años del fin de la guerra.
Él es un arquitecto que pasa por un difícil momento en su matrimonio. Juntos comienzan a recorrer Hiroshima, mientras la historia se va mezclando con sus recuerdos. Él es un veterano de la guerra que perdió a toda su familia en Hiroshima, sobreviviendo solo por el hecho de estar junto a su batallón en otra ciudad.
Ella posee la terrible marca de ser una colaboradora. Se enamoró de un soldado alemán en la ocupación nazi de Francia. Planeaba huir con él a Baviera, pero una bala lo alcanzó cuando la esperaba en la estación de trenes de Nevers.
Las mujeres de la ciudad la atraparon y la raparon, como se hizo con muchas mujeres catalogadas de colaboracionistas nazis. La historia es muy simple. Ambos recorren la ciudad recordando, compartiendo sus memorias de la guerra y el amor.
Se debaten entre permanecer en el presente o perderse en sus recuerdos. Un tiempo cuando la pena aún no los había alcanzado. La lejanía de Alan René con Japón, y específicamente con Hiroshima, la podemos detectar en el personaje de la mujer.
Es complejo para ella comprender o sintetizar aquello que produjo la caída de la bomba. Es un proceso demasiado traumático, violento y desgarrador para procesarlo simplemente como un espectador. La mujer recorre las calles de Hiroshima que han recuperado su forma, pero siguen padeciendo una herida sangrante que pareciera no querer cicatrizar.
Alain Resnais se sentía lejano a la tragedia en el inicio del proyecto y eso lo traspasó a su personaje. Es a través de una historia personal que la mujer y a la vez René pueden conectar con Hiroshima. En el caso del director, él se marchó de la casa de sus padres en 1945 para cumplir el servicio militar que lo llevó a Alemania y Austria con las fuerzas francesas de ocupación.
Recorrió Europa siendo testigo del horror nazi. De cierta forma el director francés pone frente a frente el horror europeo causado por los fascistas con el horror japonés causado por los Estados Unidos. De una manera muy poética pareciera declarar que antes de enfrentarse a Hiroshima debe primero ser capaz de lidiar con su propio infierno.

No suceden grandes cosas, no hay trucos de cámara ni efectos impactantes. El director deja que hablen las miradas, los silencios, los pequeños gestos como el movimiento de una mano o el apretar de unos labios. Resnais fue un visionario, mezcló técnicas de edición poco acostumbradas, montó la película de manera no lineal, utilizando el cine como una herramienta de autoconocimiento, de exploración humana.
No respetó reglas de temporalidad y difuminó la línea entre sueños, pesadillas, pasado, presente y futuro. Gracias a esto fue uno de los fundadores de la nouvelle vague o nueva ola francesa, que luego seguirían otros grandes directores como Agnès Varda, François Truffand, Jean-Luc Godard o Claude Chabrol. La verdad es que el camino de la memoria es complejo, es difícil de reconstruir cuando se abandona o se clausura debido a profundos traumas.
Ambos personajes se usan como espejos en los cuales ver espacios de su vida que están fragmentados. La guerra, el amor, el odio, el sufrimiento, la indolencia y la culpa se mezclan, creando una atmósfera en el límite entre el sueño y la pesadilla. Por momentos pareciera que el recorrido de ambos por las calles de Hiroshima fuera el de dos fantasmas.
Fantasmas en pena que luchan por recordar quiénes son, por qué no pueden seguir adelante, por qué están condenados a vagar sin rumbo por una ciudad maldita azotada por el desastre. Dos fantasmas que en el fondo sólo desean hacerse compañía y se engañan a ellos mismos con historias de amor real y felicidad. Ella está capturada por la culpa de enamorarse del enemigo y por el dolor de haberlo perdido tan cerca del fin de la guerra.
Él es azotado por la imagen de su familia muerta en su ciudad natal, la misma que tuvo que abandonar para luchar en una guerra fútil y oligofrénica. Al final ambos se miran y reconocen sus verdaderos nombres. El nombre de ella es Nevers, el nombre de él es Hiroshima.
Ellos son las ciudades que los contienen, son las historias que se cuentan, son la memoria de dos lugares que sufrieron de manera diferente la guerra, pero que sufrieron y continúan sufriendo presas de un odio interminable. Pero también tenemos la otra cara del espejo donde está el amor, un amor que pasajero los ha despertado a ambos, ha despertado su memoria.
Hiroshima Mon Amour es una película sobre el efecto de la guerra en los sentimientos y las sensibilidades humanas, incluso en los espacios más privados la guerra se cuela y lo perturba todo. La historia establece puentes entre la tragedia europea y la japonesa, al mismo tiempo que intenta enmarcar la enorme brutalidad de la bomba de Hiroshima de manera simple, privada de adornos, pero increíblemente humana. Es una historia hermosa, una historia de fantasmas, una historia de amor, una historia de guerra.
Es un excelente ejercicio fílmico para entender, valga la redundancia, el poder del cine. Porque no todo puede ser retratado por las cámaras de manera directa, a veces es necesaria la sutileza y la maestría de directores como Alain Resnais para atrapar la fuerza de una bomba atómica.







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