Adicción sin esperanza
NarrativaUna de las películas que me ha impactado es Réquiem por un sueño (Requiem for a dream), película basada en la novela de Hubert Selby Jr., dirigida por el cineasta norteamericano Darren Anonofki, donde presenta un paralelo poco común: la adicción a las drogas de Sara Goldfarb, una viuda ya entrada en años y la de unos jóvenes, Harry, el hijo de Sara, Marion su novia y su amigo Tyrone. Estos personajes creen encontrar en las drogas la fórmula perfecta para alcanzar sus sueños, pero paradójicamente encuentran en éstas su propia destrucción.
El primer contacto del espectador con la película es con una imagen recurrente de un joven acarreando un televisor y una mujer que rescata este aparato una y otra vez, lo cual da la falsa idea de la típica película de drogadicción, donde la sufrida madre tiene que llevar sobre sus hombros la triste realidad de lidiar con un hijo drogadicto, pero quién iba a imaginarse que esta mujer es una víctima más de las drogas. El drama de Sara comienza con su adicción a la televisión, pues se ve claramente que su vida gira en torno a un televisor y especialmente a un programa de concurso. Una llamada que le abre la posibilidad de entrar en el mundo mágico de la televisión, desencadena su tragedia ya que tiene que buscar la forma de poder usar aquel vestido rojo que le recuerda su época de felicidad junto a su esposo e hijo y sus kilos demás no se lo permiten.
El sueño de Sara de lograr participar en un programa de televisión la lleva a someterse a una dieta rígida con unas pastillas las cuales la sumergen en el remolino destructor de las drogas, irónicamente es su hijo quien le advierte del peligro, pero ya no hay palabras que valgan, ella se deja envolver por este torbellino maléfico y termina confinada en un hospital sometida a un riguroso tratamiento de desintoxicación, sumida en su propia soledad y en sus sueños persistentes pero inalcanzables.
Por otro lado, Harry, su novia Marion y su amigo Tyrone, tienen un sueño en común, el de asegurarse un futuro con el negocio de las drogas y a su vez satisfacer sus necesidades de placer y bienestar que éstas les proporcionan, aún cuando Marion podría llegar a ser una gran diseñadora de modas, prevalece su afán de vivir el momento, el placer y la falsa felicidad que dan las drogas, se deja envolver por el embrujo que producen sus efectos, elemento que es muy bien tratado por el productor en la película, añadiendo una serie de imágenes y sonidos recurrentes que por un momento hacen que el espectador sienta los efectos como propios.
Hay un momento de clímax para los personajes, creando la falsa expectativa de un final feliz: Sara consigue bajar de peso y ponerse el vestido anhelado, los jóvenes prosperan en el negocio, tanto así que Harry, conocedor del valor que representa el televisor para su madre, le regala uno nuevo, todo parece color de rosa, creen haber alcanzado sus sueños, pero luego viene el declive, los sueños empiezan a desboronarse, las pastillas ya no surten el efecto deseado, el dinero y las drogas escasean, la angustia se apodera de los personajes y buscan salidas desesperadas.
Para nadie es un secreto los efectos nocivos de la droga en el organismo, el trauma familiar y a lo que puede llegar una persona con tal de conseguir la droga, como el robo e inclusive la prostitución, y no es la primera película que muestra la cruda realidad de la droga, el director inglés Ulrich Edel, en su película Cristina F muestra la dramática historia de una joven estudiante de Berlín que desde los trece años se prostituye a fin de proveerse la droga, pero a diferencia de esta película, en Cristina F se muestra una luz de esperanza; aquí no. Aquí los personajes quedan sumidos en la más profunda tristeza y soledad, además si hubiese la posibilidad de salir del problema de la droga, cómo superar el trauma psicológico de aquella pesadilla, la pesadilla de haber pedido un miembro de su cuerpo a raíz de la constante inyección de droga, el trauma de ser violada, ultrajada y maltratada para complacer los deseos depravados de unos seres irracionales, el trauma de ver a un amigo perder su brazo y luego tener que enfrentar el trabajo forzoso en una cárcel, el trauma de haber sido sometida a electrochoques y haber perdido no solo a sus amigas sino también su facultades mentales.
Las imágenes y los sonidos recurrentes, los gritos de dolor y luego la sangre que salpica la cara de Harry, cuando le es cercenado su brazo; la angustia, los gemidos de dolor y las lágrimas de Marion, el llanto, la angustia y la soledad de Tyron, las alucinaciones y el rechinar de dientes de Sara, son efectos que impactan en la mente del receptor, aquí no se muestra el problema de la droga de manera subjetiva, como se ve desde afuera, aquí el problema se ve desde adentro, desde la dilatación de la pupila hasta los efectos en la corriente sanguínea y todo esto matizado con los ambientes lúgubres que acompañan las escenas más críticas, esto hace que el observador se contagie de esa angustia existencial por la que pasan quienes viven en el oscuro mundo de las drogas.
Los sueños y las esperanzas de los personajes se derrumban; de hecho la escena en la que Marion se desprende del muelle ante la impotencia de Harry para sostenerla, es una alegoría de esto y el espectador se queda con un sabor amargo en la boca y una preocupación ante una realidad de la que no están exentos los jóvenes de hoy, quienes al igual que Marion se excusan en la falta de amor, el abandono de sus padres, en los problemas familiares o la insatisfacción de necesidades a raíz de la pobreza, o hasta en las desilusiones de amor, para optar por la puerta falsa de la droga.
La producción cinematográfica en general es muy interesante, tanto por sus índices materiales como narrativos, recomendable especialmente para los adolescentes. Las escenas de sexo son tratadas con mucho profesionalismo, sin caer en la pornografía en la que caen muchas producciones cinematográficas, tanto así que el productor se vale de una técnica visual muy particular como luces intermitentes o dividir la pantalla en dos, igual lo hace para mostrar aquellas escenas que necesitan más de la imaginación del receptor que de la representación explícita de la situación o cuando quiere poner en primer plano algo sobre lo que quiere llamar la atención.
Réquiem por un sueño, más que un título para una película es un campanazo de alerta para quienes se sienten tentados por la droga. Consume droga y entrarás a formar parte del coro que acompaña el llanto lastimero de quienes ven sepultados sus sueños bajo sus efectos malditos.

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