"HIPNOSIS"

Narrativa

“El debutante Ernst De Geer ensaya una sátira sobre la pareja y la vida moderna tan incómoda como reveladora”

             

                           “HIPNOSIS”

La incomodidad, el miedo, la angustia, la repulsión o la duda vividas en una sala de cine, pese a lo que pueda parecer, ni educan ni sanan, pero sí acercan a lo que podríamos llamar la claridad consciente del abismo. Tal cual. Al fin y al cabo, la atracción por lo inefable tiene algo de catártico, de liberador. Como la propia religión, el cine incómodo, llamémoslo así, prepara al creyente en la aceptación cabal y hasta doliente de su indefensión. Somos vulnerables tanto cuando admitimos el secreto incognoscible de la fe, a la vez fascinante y terrorífico, como cuando nos abandonamos a la certeza sobrecogedora de lo desconocido, de lo que nos hace pasarlo mal. La religión, eso sí, reconforta; está ahí para que nos tranquilicemos. El cine, sin embargo, nos lleva a explotar la claridad consciente del abismo.

'Hipnosis', el debut en el largo del sueco Ernst De Geer, existe para que lo pasemos mal. Pero, cuidado, sus armas no son el terror (aunque un poco de pánico sí que da) ni el suspense (pese a que se antoje imposible despegar la mirada de la trama disparatadamente absurda) ni la repulsión (aunque la escena del perro provoque mucha dentera). Su principal herramienta es la risa (es comedia por tanto), pero una risa que no termina de salir de la garganta, una risa que deja sin aliento,  se hace pesada para ciertos tipos de consumidores. Pocas películas tan molestas, pocos ejercicios de cine tan conscientemente grimosos. Y por ello, tan disfrutables en su provocadora incomodidad.

Se cuenta la historia de una pareja dedicada a emprender. Es decir, hacen cosas. Un buen día son invitados a una especie de simposio donde deberán explicar en qué consiste su emprendimiento. Y es entonces cuando las cosas que hacen y emprenden se tuercen. Se tuercen ellos y, apurando, se tuerce eso que hemos dado en llamar vida moderna. Que todo era absurdo parecía más que evidente desde mucho antes del 'show' de Puigdemont, pero que además, y a poco que nos fijemos, doliera (y mucho) es lo que nos quiere demostrar el trío formado por el realizador y los dos actores descomunales que responden a los nombres de Asta Kamma August y Herbert Nordrum.

 

Durante buena parte del metraje 'Hipnosis' se limita a desconcertar. Entre Haneke y Östlund, la cinta se parece demasiado a uno de esos tristes y muy reiterados empeños en los que el director “maltrata” a los personajes con no se sabe muy bien qué extraña intención, Y así hasta que las piezas encajan y el McGuffin de la sesión de hipnotismo que da título a la cinta acierta a retratar con bastante acierto el molesto y desgastante estado de catatonia en el que, en efecto, vivimos. Incómodo y, por ello, abisal.

 

Dirección: Ernst De Geer. Intérpretes: Asta Kamma August, Herbert Nordrum, Andrea Edwards, David Fukamachi Regnfors, Moa Niklasson. Duración: 98 minutos. Nacionalidad: Suecia.

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