Martin (Hache)
Reseñas generalesMartin (Hache) es una película que nos mete en la vida de un joven sensible en un momento complicado de su vida, cierto nihilismo se apoderó de él. Quizás por adolescente, pero también por la época en la cual le toca atravesar esa edad llena de incertidumbre. A su vez, narra la vida y el vínculo que posee con su padre, Martin. Él es un director de cine exitoso radicado hace tiempo en Madrid. Su vida está marcada por el exilio, el éxito y la insatisfacción ante la vida. Tras un incidente casi mortal, Martin decide traerse a su hijo con él a Madrid. Padre e hijo aprenderán de si mismos y del otro, mientras encuentran una dinámica que les sea placentera y sana.
Adolfo Aristarain nos propone reflexionar acerca de los vínculos familiares, los roles que cada quien ocupa (o desocupa), sobre la identidad y el desarraigo. Es una película que, si tuviera que condensarse en una escena seria en una sobremesa, con los platos sucios aun allí y charlando de verdades personales profundas.
El vínculo padre/hijo es la columna vertebral de la película. Martin es un hombre que ha vivido principalmente afuera. Parco, con carácter y egocéntrico. No ha sido gran participe de la crianza de su hijo, pero de alguna manera le recrimina las decisiones que este ha tomado con su vida: Mientras genuinamente se angustia por el peligro al que fue expuesto su hijo, encuentra la manera de volver dicho problema sobre sí mismo. Como buen viejo egocéntrico, encuentra la manera de ser el centro de la escena. Martin, por otro lado, es un joven tribulado y entre rockero y punk. Hijo de una generación que vivió el neoliberalismo y el vaciamiento cultural pareciera estar falto de motivaciones o de proyectos a futuro. No piensa mucho más allá de su semana y de su guitarra. Es claramente inteligente y sensible, pero su avidez está más enfocada en entender a las personas, ser empático. En la búsqueda de la comprensión del otro hay quizás un intento de comprender las distancia de su padre y la intolerancia de su madre, quien ya se ha cansado de mantenerlo.
El hecho de que la película se llame “Martin (Hache)”, que el protagonista se llame “Hache” y su padre “Martin” nos da la pauta de que dicho jovenes tocayo de su padre. Llamar al primogénito igual que al padre es una costumbre antigua y hasta el día de hoy realizada, pero siendo este un padre ausente, que no ha estado muy presente en la crianza debido a su ininterrumpido éxito audiovisual resignifica esta característica. Hache, es el único que le habla desenfadadamente a su padre, el único que puede ponerle los puntos y marcarle los errores. Por otra parte, Martin es un hombre poco acostumbrado a que le nieguen algo o lo contradigan. El hijo, una vez más trae de regalo una enseñanza de vida para este padre que pareciera, por momentos, no querer serlo.
Uno de los personajes secundarios que vive a merced de las idas y vueltas de Martin, es Alicia, interpretada por Cecilia Roth. Una mujer libre y desinhibida, con algunos problemas de consumo. Es bastante mas joven que Martin y en algún sentido representa todas las decisiones erradas que viene llevando Martin con su estilo de vida. Tiene, notoriamente, mayor humanidad e integridad y empatía aun encontrándose absolutamente drogada por el polvo blanco. Es una relación compleja y cargada de tensiones. Por otro lado, Eusebio Poncela, en el papel de Dante, un actor andrógino que no reniega de consumos varios, que reivindica el goce y vivir con vigencia. Una persona que lleva todo a flor de piel y es profundamente consecuente con su forma de atravesar la existencia. Protagonista de una de las escenas mas iconicas de esta película donde conversa acerca del deseo con Hache quien absorbe cual esponja la sabiduria enunciada. Podríamos definirlo como un meticuloso caos, una tormenta perfecta. Él también, al ser respetado por Martin, logra corregirlo o enderezar sus decisiones con un juicio más pertinente. Es también con quien Hache entablará una fructífera amistad un poco más horizontal. Es quien lo saca del rótulo de niño/hijo y juzga solamente por su hacer.
Es una película donde el exilio y la identidad son dos avenidas paralelas donde se despliga esta historia. Martin ha sido arrancado de Argentina y vive hace tiempo –cómodamente- en un país que no logra sentir propio. A su vez, en esos años, el descreimiento en Argentina como lugar viable era frecuente y en Martin lo vemos claramente. Por su parte, Hache se establece en Madrid súbitamente y también carga con cierto desfasaje entre lo que quiere hacer o dónde planea quedarse y proyectar. Ambos personajes están en búsqueda de crear un espacio al que llamar casa, necesitando poder ponerle un rostro y una expresividad al rol de padre y de hijo. Están haciendo el trabajo que deberían haber hecho hace tiempo. Sabemos que acomodar las piezas es complejo, pero para sanar nunca es tarde
Son dos perspectivas de mundo chocándose en un mismo plano. Hache en su juventud y desesperación, ve la vida como algo efímero y sin demasiado sentido. Martin por otro lado pose años de vivir, experiencias sobre todo primadas por la desilusión. Es un hombre exitoso y triste. Hay en su cadencia, una impronta profundamente tanguera y desencantada. Pronto ambos aprenderán que reflexionar por la falta de futuro, o la muerte del pasado, no te ata al presente. Vuelve la existencia una fuga hacia atrás o hacia adelante. Un desaliento cotidiano, un error en la manera de pensar.
La fotografía envuelve en una atmosfera de melancolía y silencios. Porfirio Enríquez captura la belleza y soledad de Madrid. La música compuesta por Fito Paez, añade una capa de emotividad, ganando muchísimo con la generación de climas muy sugestivos y en consonancia con lo que vemos.
Estamos frente a una película de vínculos humanos, sobre charlar aquello que se calla. Sobre no habitar las tribulaciones y las angustias internas solamente desde el dialogo interno. Es una invitación al encuentro, al hacerse cargo de lo que decidimos para bien y para mal. Seguramente al equivocarnos aprendamos mucho más de nosotros. Aquel que siempre acierta, no cambia.










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