Mi sueño

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Era la víspera de Navidad en el pequeño pueblo de Brumhaven, un lugar conocido por su aire mágico y nevadas inmaculadas. Lucía, una niña de diez años con una imaginación desbordante, se acurrucaba junto a la chimenea, viendo cómo las llamas danzaban en la oscuridad. Su único deseo desde que tenía memoria era conocer a Santa Claus. Sus amigos le decían que era un sueño tonto, pero Lucía no dejaba de creer.Esa noche, mientras se arropaba en su cama, hizo su petición más ferviente: "Quiero conocer a Santa Claus y ayudarlo a repartir los regalos". Con ese pensamiento, cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño.De repente, Lucía se encontró en un bosque nevado, envuelta en un abrigo rojo brillante. Frente a ella, un sendero de luces titilantes la guiaba hacia un trineo dorado, donde un hombre robusto, de barba blanca y ojos brillantes, la saludaba con una sonrisa. ¡Era Santa Claus!"Bienvenida, Lucía", dijo con voz cálida. "He escuchado tu deseo y he venido a buscarte. Esta noche, ayudarás a repartir la alegría de la Navidad."Lucía no podía creerlo. Subió al trineo y se sentó junto a Santa, quien agitó las riendas y, con un fuerte bramido de los renos, se elevaron al cielo estrellado. Volaron sobre pueblos y ciudades, cada uno decorado con luces festivas y árboles brillantes. Santa le explicó a Lucía que su trabajo no solo consistía en repartir regalos, sino también en llevar esperanza y felicidad a aquellos que más lo necesitaban.Primero, llegaron a una casa humilde donde vivía una familia en apuros. Lucía y Santa colocaron regalos cuidadosamente bajo el árbol y dejaron una comida especial en la mesa. Los rostros de los niños al despertar llenaron el corazón de Lucía de una calidez indescriptible.A lo largo de la noche, visitaron muchas más casas, dejando regalos y sonrisas en cada una. En cada hogar, Lucía aprendió sobre la importancia de la generosidad y el espíritu de la Navidad. Santa le mostró que, aunque los regalos eran importantes, lo más valioso era el amor y la compasión que compartían.Cuando la noche llegó a su fin, Santa llevó a Lucía de regreso al bosque donde la había encontrado. "Has sido una gran ayuda, Lucía", dijo Santa mientras la abrazaba. "Nunca dejes de creer en la magia y el espíritu de la Navidad."Lucía se despidió de Santa y cerró los ojos, sintiendo una paz profunda. Cuando los abrió de nuevo, estaba en su cama, el sol de la mañana iluminando su habitación. Corrió hacia la sala y encontró un regalo especial bajo el árbol: una pequeña campana dorada con una nota que decía: "Gracias por tu ayuda, Lucía. Con cariño, Santa Claus."Desde ese día, Lucía nunca dejó de creer en la magia de la Navidad. Compartía su historia con todos los que conocía, recordándoles que los sueños pueden hacerse realidad y que el verdadero espíritu de la Navidad reside en el amor y la generosidad hacia los demás.

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Comentarios 1

E
Eloy Castellón quintero1 de agosto de 2024
Me encanto