Azul: Liberté
Reseñas generalesSe acaba desde donde todo empezó. La verdad que ver y escribir de la trilogía del color, ha sido una experiencia muy estimulante, que espero que haya suscitado vuestro interés este intento de abordar una de las grandes obras de Kieślowski; una de las pérdidas más significativas del cine, al haberse ido de manera tan prematura y en el cenit de su carrera. No obstante, dejó un legado inmenso, y hoy toca poner un punto y final con miras al inicio de todo. Azul (1993) puede que haya sido la película que más haya perdurado con el paso del tiempo, quizás por el impactó que supuso en su momento cuando se estrenó en el Festival de Cine de Venecia, en donde se alzó con el León de Oro a Mejor Película.
Es la más virulenta, sin perder ápice del estilo tan pulcro y tan solemne de su director. La tragedia es mucho más palpable y es difícil de digerirla en muchos tramos. A pesar de ello, la belleza con la que consigue aplastar a uno, rompe con todos los cimientos. En lo personal, es la que encuentro más dura de ver y la que menos me pongo, por esa tragedia tan arrolladora que plantea. Piensas que no puede ser más desoladora desde el punto del que parte, y de repente te encuentras con algo que va siendo cada vez más terrorífico, donde el personaje de Julie se pierde en ese aislamiento vital en el que termina por zambullirse.

En lo que respecta a galardones y reconocimientos por parte de la crítica, también fue la más distinguida de toda la trilogía. En el mundo del cine, puede que no haya mayor distinción para una película después de la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes, que el León de Oro del Festival de Cine de Venecia; aunque los Oscars tengan todo ese ruido tan propio de la industria de Hollywood. Aparte del León de Oro, se llevó varios Premios Cesar de la Academia del Cine Francés y tres nominaciones para Los Globos de Oro.
La película está protagonizada por la maravillosa Juliet Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel, Charlotte Vêry, Hélène Vincent o por Philippe Volter, entre otros. Azul (1993) no está disponible actualmente en ninguna plataforma de streaming de España, pero en el momento en el que estoy escribiendo esto, se ha reestrenado en cines con motivo del 30 aniversario de la trilogía, junto a Blanco (1994) y Rojo (1994); películas de las que he hablado en las dos críticas anteriores. Desconozco y perdonadme la gente latinoamericana, dónde se puede encontrar para su visionado en LATAM, por lo que, si alguno sabe dónde poder encontrarla para que la gente pueda ir a buscarla, le agradecería que lo dejara en la caja de los comentarios.
Cuando el destino luce cruel…
Lo venía contando en las anteriores críticas de la trilogía, acerca de esa fascinación de Kieślowski por lo fortuito de la vida, y como ello lleva a que nuestra existencia pueda tener momentos de fulgor inesperado, pero también donde las cosas se tornan muy oscuras. Pocas cosas más tristes puede haber en la vida que perder en cuestión de segundos a tu hija y a tu marido; no es spoiler, ya que la película arranca desde ese punto y lo que vemos durante todo su desarrollo son las consecuencias de ese inesperado giro del destino en la vida de Julie.

La libertad, que es el tema central que se aborda en esta primera entrega, se ahonda desde lo fortuito, pero sobre todo desde el convencimiento que el individuo tiene a la hora de lidiar con su vida. Juliet decide perderse totalmente, despojándose de todo; algo que me recuerda a ese monologo de “Doña Rosita la Solterona” de Federico Garcia Lorca, donde la protagonista decía: “Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía… ¿Es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad?” Julie pretende negar el dolor y eso la arrastra a un mar de tristeza, en el que esa “libertad” se torna muy peligrosa. Es la que tiene el montaje más agresivo y propio, donde la película parece ya de por si una sinfonía, aludiendo a la importancia que tiene la música en la vida de los personajes y en la propia película.
Juliet Binoche
Es la interpretación más agria y menos complaciente con el espectador de toda la trilogía, pero también la mejor de todas. Pocas actrices están al nivel de lo que ha sido Binoche en Francia y también en Hollywood, trabajando con grandes directores de la talla de Claire Denis, Jean Luc Godard o Abbas Kiarostami, entre muchos otros. Su actuación podría catalogarse como una ducha fría, en la que sumerge del mismo modo al espectador. Es tremendo lo que hace ella en esta y en la gran mayoría de películas en las que ha trabajado.

Pero sobre todo en esta, porque es un personaje muy poliédrico y muy incandescente, casi como si estuviera en una especie de limbo entre la vida y la muerte. Lo agonizante que es ver su desconsuelo casi inexpresivo, es algo que nunca va a dejar de impactarme cada vez que vuelva a visionar la película.
No puedes huir del pasado
Azul (1993) es una película que ahonda magistralmente en esa diferenciación no tan clara entre lo que supone el libre albedrio (lo que vendría a ser lo incontrolable de nuestras vidas) y las decisiones conscientes que toma el individuo a lo largo de su vida, que le hacen estar en el punto en el que se encuentra en la actualidad. Y eso Kieślowski nos lo muestra, ya no solo con el personaje de Julie, también con otros personajes como el de la stripper. No todo es fortuito, no todo en la vida está dejado de la mano de la suerte, aunque el director incida en que lo quebradizo de ella viene dado de ese lado imprevisible y que se escapa a nuestro control.
En cuanto a la dirección de fotografía y la banda sonora, son aspectos técnicos que siempre están tremendamente cuidados y en los que el director hacía mucho hincapié. Aquí ese cromatismo en torno al color protagonista se hace más notorio que en las demás, en la que no hay un trato con la luz tan vivaz por parte del director de fotografía Slawomir Idziak, porque toma una decisión muy consciente de manipular más la imagen a fin de generar esa turbiedad y esa sensación tan sombría que deja en el espectador. El mismo Idziak había trabajado anteriormente con Kieślowski en La doble vida de Verónica (1991), con la que a nivel de dirección de fotografía hay una gran diferencia en cuanto al tono general con el que quiere imbuir al filme.

La banda sonora es otro aspecto formidable de la película, que va al son del propio montaje. Como decía, la película parece que fue concebida como la propia sinfonía inacabada a la que se alude continuamente durante la historia que nos muestra Azul (1993). Zbigniew Preisner, un habitual en la filmografía de Kieślowski, fue el encargado de llevar a cabo la composición de la bellísima banda sonora que llegamos a disfrutar en esta cinta.
Conclusión:
Azul (1993) es un trágico ensayo sobre lo fortuito y lo puramente decisorio que inunda la vida del ser humano, haciéndonos ver que es imposible que dejemos atrás todo rasgo de humanidad. Las pasiones, los recuerdos, lo que alguna vez fuimos, siempre vuelve hacia nosotros; algo que bien sabe el director polaco. Una película desoladora y a la vez de una belleza esplendorosa, como es habitual en el cine de este director. Cuenta con la grandiosa Juliet Binoche, en la que probablemente sea la mejor y más icónica actuación de toda su carrera; que no es poco. El inicio retratado desde el aparente final de la vida, que nos inunda en un mar de lágrimas en el que inevitablemente nos vemos reflejados. En definitiva, una obra maestra que hay que ver junto con el resto de las otras dos que la siguieron. Viva el cine, viva Krzysztof Kieslowski.










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