EL ARTE FORMATIVO
Reseñas generalesCorría el año de 1960 cuando, estando por completar en mi vida apenas las primeras cuatro vueltas al Sol, mi madre nos llevaba a un pequeño supermercado debajo del amplio departamento en un edificio de la Avenida Chapultepec del entonces Distrito Federal, frente a la Escuela Revolución, en donde los sábados daban funciones de cine gratis para niños principalmente, mientras los padres andaban de compras. Ahí, conocí y amé a Charles Chaplin por las tardes tan maravillosas de risa plena que me hacía pasar; también vi todas las de Cantinflas en blanco y negro, una de Tarzán que a pesar de mi edad, la vi muy rupestre en su realización, pero todas me hacían pasar buenos momentos.
Poco tiempo después y, ahora veo que por mis propias circunstancias infantiles gracias a la etiqueta entre los seis hermanos que a futuro llegaríamos a ser, de oveja negra, la cual hoy pienso algo inmerecida aunque reconozco que era el más inquieto y preguntón; pero como sea, creo que ese fue un factor importante para mi primer amor platónico cuando, antes de cumplir las cinco vueltas a nuestra estrella, una tía muy querida y su esposo que en paz descansen ambos, nos llevaron a mí y a los dos hermanos mayores al cine para ver la adaptación de Walt Disney a los ocho libros infantiles de P. L. Travers, autora anglo-australiana que dio vida a la película Mary Popins pero, de regreso a casa viajando los tres infantes de entre 5 y 10 años en el asiento trasero después de ver la película, por mi lado no pude dejar de suspirar gracias a la cuidadora de niños vestida de negro quien llegó a la casa que en ese momento hubiese querido habitar, volando con su paraguas y su sombrero del mismo color adornado con flores; tanto fue mi impacto al ver a la hermosa niñera que mis dos hermanos mayores, se la pasaron reprimiéndome en secreto para que los tíos que iban en los asientos delanteros del Vocho, no escucharan mis hondos suspiros que me duraron de menos un mes; aunque, ahora, recordando Julie Andrews, se me escapó otro gran suspiro.
Pienso que todo lo que uno ve, oye, palpa, saborea o lee, nos va formando e influye de una manera o de otra en cada persona, y por eso me gustaría referirme a lo leído que posteriormente vi en el cine, y que me ha parecido muy apegado a la historia escrita; comenzando con El Conde de Montecristo, el cual leí en mi séptima vuelta al Sol y me marcó tan hondamente, que sin duda hasta hoy y sin haber estado en un calabozo, sigo siendo él por dentro. Por su lado, de los siete films existentes sobre el tema, las versiones que más me gustan son la primera con Robert Donat, y la de Gérard Depardieu.
Otra lectura que se llevó a la pantalla grande la cual también me marcó y se semejó mucho a lo escrito por Umberto Eco en 1980, es El nombre de la rosa; y una cosa curiosa de esta historia, es mi plena identificación con los personajes de fray Guillermo de Baskerville (Sean Connery) y al mismo tiempo con Adso de Melk (Christian Slater); con el primero por su poder de deducción, y del segundo con todo y su torpeza, por la frescura que le imprimió el joven actor en la coproducción entre Francia, Italia y Alemania dirigida por Jean Jacques Annaud; de lo mejor que he visto.
Pero hablando de lo máximo, yo daría las gracias a Mario Puzo y a Francis Ford Coppola principalmente, junto con Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Diane Keaton, John Cazale, Gianni Russo, Talia Shire, Richard Castelano entre los actores más importantes para la primera parte de la trilogía realizada en 1972 de El Padrino, y por supuesto también al staff técnico y de producción. De la misma forma he de agradecer a Robert de Niro, Lee Strasberg, Frank Sivero, Bruno Kirby, Dominic Chianese, Tom Rosqui, Michael V. Gazzo entre otros por su participación en la segunda parte realizada en 1974. Y por supuesto, mi eterna gratitud para Andy García, Bridget Fonda, Joe Mantegna, Eli Walach, George Hamilton, Rober Duval, Franc D´Ambrosio, Al Marino y otros, por su participación también en la tercera y última parte filmada en 1990.
Finalmente, algo a destacar en éstas obras maestras del Séptimo Arte, es que a pesar del tiempo transcurrido entre la primera, segunda y tercera parte en su producción y realización, la enorme calidad de la imagen, iluminación, sonido, vestuario, efectos especiales y de la filmación en general, no varía en absoluto; por lo cual entre otras cosas puedo decir que, esa trilogía basada en la novela catalogada como negra de nombre El Padrino, además de muy parecida al texto del libro cosa que muchas veces no sucede, es la favorita de mi vida.










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