Deudas | Children of the Corn (1984)
Reseñas generales
“Deudas” suena un poco fuerte, lo sé. Esta nueva columna bien podría haberse llamado “Pendientes”, pero hay algo de la obligación autoimpuesta de ver ciertas películas, y sobre todo de la inexplicable culpa que surge del postergar su visionado durante mucho tiempo, que elude a ese título más amigable. En consecuencia, saldemos algunas deudas cinematográficas.
Nacida a partir del cuento homónimo publicado originalmente en la revista Penthouse y luego en el gran libro Night Shift, Children of the Corn (1984) fue una de las primeras de la ola de adaptaciones de la obra de Stephen King que inundó al cine de los ochenta. Tras el éxito de Carrie (1976), The Shining (1980), Cujo (1983), The Dead Zone (1983) y Christine (1983), el apellido King se había vuelto una marca registrada, un efectivo gancho publicitario (de allí que el nombre que figura arriba del título de este film sea el suyo, y no el de su ignoto director, Fritz Kiersch). De hecho, cuenta la leyenda que el célebre autor escribió la primera versión del guión y que, cuando ésta fue rechazada, exigió más dinero por el uso de su nombre en la campaña de marketing, algo que perjudicó a la producción, en tanto que redujo significativamente su presupuesto, pero que al mismo tiempo potenció sus ganancias, ya que con un costo de producción menor, el rédito económico fue aún mayor. Y como bien saben, cuando Hollywood pesca un éxito, rara vez lo deja ir; en su lugar, seguramente lo termine usando como carnada para pescar unos cuantos más. En efecto, Children of the Corn devino una franquicia de ocho secuelas, una remake y un reboot (que aún no hayan filmado una legacy sequel con Linda Hamilton es prácticamente casi un milagro).
Estrenada en Argentina con el título Cosecha negra, la película toma distancia de su base literaria desde el vamos, con un prólogo que nos cuenta cómo, un día, los niños tomaron el pueblo ficticio de Gatlin. Uno podría pensar que esta secuencia inicial no busca más que ganar minutos, generar “relleno” para estirar la limitada cantidad de páginas del cuento. Sin embargo, la secuencia inicial de la cafetería probablemente sea una de las mejores del film (mejor dicho, una de las pocas en que Kiersch logra generar suspenso); una lástima que esté enmarcada por una narración en off que es tan redundante que empieza diciendo “It was about three years ago”, apenas segundos después de que una placa nos proveyese la misma información, y tan innecesaria que es abandonada a los pocos minutos y nunca retomada. No obstante, un comienzo auspicioso.

La caracterización de la pareja protagónica también difiere de la del cuento: mientras que en este último el personaje de Vicky (Hamilton) rozaba lo insoportable, acá resulta el personaje más humano y real: una mujer carismática y enamorada, que desea casarse con su novio Burt (Peter Horton), a quien ha decidido acompañar al Medio De La Nada, EE.UU., para que cumpla su sueño de ser médico. Él, mientras tanto, no es mucho más que un egocéntrico con miedo al compromiso, la curiosidad inquisitiva de un niño y el andar de un preadolescente (se tropieza corriendo, se golpea la cabeza huyendo, se choca con su propia novia). Como protagonista, despierta tanto interés como lógica tienen sus decisiones: ¿por qué salir de la ruta principal? ¿Por qué no intentar ir al otro pueblo de nuevo? ¿Por qué quedarse en Gatlin, a pesar de su visible abandono y falta de teléfonos? ¿Por qué perseguir a un grupo de niños? ¿Por qué invadir una casa? Tales preguntas no surgen por malicia de quien escribe, sino por negligencia del propio guión, el cual falla en respaldar las decisiones de los personajes, al punto de caer en alguno de los peores lugares comunes del género (“Separémonos para explorar, ¡qué buena idea!”) y en dilatar el relato innecesariamente (la aparición repentina y violenta de los niños en el cuento se torna paulatina y edulcorada en el film).
Para colmo, la forma no ayuda al contenido: lejos de cualquier tipo de pregnancia, las imágenes de Children of the Corn se suceden y son prontamente olvidadas. Muy de vez en cuando Kiersch nos toma por sorpresa con un plano creativo, con cierta intención narrativa y sin errores de continuidad, pero al final del día éstos no son tantos como los planos de armas reflejando luz. Tal vez si la música acompañase, miraríamos con ojos más bondadosos, pero con sus insólitas alternancias entre cánticos religiosos y sintetizadores ochentosos, la banda sonora se vuelve tan ecléctica que, en vez de reforzar el tono del film o complementar sus imágenes, acaba distrayéndonos más que el parecido de Horton a un joven Christian Bale.
No tengo dudas de que a Children of the Corn le encantaría que se refieran a ella como la cruza entre ¿Quién puede matar a un niño? (1976) y The Wicker Man (1973), pero la verdad es que, como película de terror, padece de anemia. Y si esos dos grandes exponentes del género efectivamente fuesen su influencia directa, es posible que, al igual que los padres de Gatlin, estén lejos de enorgullecerse de su descendencia. En parte, considero que buena parte de la responsabilidad de esa carencia recae sobre la (débil) fuerza antagónica del film: sus niños. En lo personal, debo confesar que las películas de terror cuya amenaza principal consiste de infantes poseídos o perturbados rara vez me genera algo. Cierta incomodidad capaz, pero no más que eso. Por el contrario, en la literatura, y en el cuento de King en particular, sí admito que funcionan como victimarios, como figuras de apariencia inocente, pero impredecibles y dignas de ser temidas. Lamentablemente, en su traducción cinematográfica, esta cualidad se pierde, en especial cuando se toma la inentendible decisión de dejar el cruento accionar de los niños fuera de campo: a lo largo de 92 minutos, lo poco que atestiguamos son apenas unas salpicaduras de sangre. ¡Ni siquiera se nos da el gusto de presenciar la muerte de Malachai!
Hablando del joven colorado encarnado por Courtney Gains (sin duda el personaje más odioso del film), recién cuando éste se harta y se rebela contra Isaac (John Franklin), la línea narrativa infantil cobra algo de vida. Despertada nuestra atención por el cambio en la dinámica de los personajes, es difícil no entusiasmarse con las posibilidades que esta nueva subtrama, símil El señor de las moscas, abre para el tercer acto. Tamaña decepción nos llevamos cuando éste llega y todas las promesas dramáticas se ven subvertidas: el conflicto de liderazgo se resuelve en cuestión de segundos; los antagonistas pasan de ser fanáticos religiosos con sed de sangre a nenes de pecho con miedo a una tormenta; Vicky, otrora el personaje más interesante, queda en el olvido hasta que se hace la hora de ir a rescatarla (la única razón por la que no la masacraron como en el cuento); y hasta Burt deja de ser un hombre de ciencia, ateo, que trata a los niños de crédulos, para creer 100% en “El Que Camina Detrás De Las Filas” (más bien “El Que Flota Como Una Nube Digital Tan Lenta Que Podés Tomarte El Tiempo Suficiente Para Idear Un Plan, Ejecutarlo y Hasta Buscar Un Adaptador De Manguera En El Medio).

¿Dónde quedó el nihilismo del relato original de King? ¿Cómo puede ser que, lo que en la página era un matrimonio tóxico al borde del divorcio (en el mejor de los casos), en la pantalla se volviera una parejita feliz que potencialmente adoptará a dos huérfanos traumados? ¿Qué es este final feliz digno de una película de Disney Channel? Así como la placa de “The End” emerge intempestivamente, también lo hace nuestra indignación ante la acumulación de tantas malas decisiones por parte del guión de George Goldsmith. Para colmo, dicen por ahí que el boceto original de King era mucho más “character-driven” y que desarrollaba aún más el alzamiento de los niños de Gatlin. Similarmente, se sabe que, debido al citado ajuste presupuestario, fueron varias las escenas que se reescribieron o que directamente se eliminaron para acortar gastos de rodaje. Sabiendo todo esto, uno no puede evitar quedarse con la curiosidad, con el deseo de que existiese una mejor adaptación del cuento. Habrá que esperar. Cualquier día de estos, Blumhouse anuncia que está desarrollando una legacy sequel, dirigida por David Gordon Green o Mike Flanagan, con el retorno estelar de Linda Hamilton.














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