El buen legado de M. Night Shyamalan queda vacante en "Observados", de su hija Ishana

Reseñas generales

Había un motivo más que suficiente para ilusionarse con el debut cinematográfico de Ishana Shyamalan, hija de M.Night Shyamalan: el realizador de origen indio que dejó una huella clara en el último cuarto de siglo del cine de suspenso con películas como “Sexto sentido”, “Señales”, “Unbreakable” y otras, nos legó una heredera que, elegíamos creer, tomaría el camino del bien respecto de la influencia ejercida por la obra de su padre.

 

Nos entregamos a la suposición, militamos la idealización de la sangre azul que, entendemos, corre por las venas del hombre que le puso sello y firma a un subgénero del suspenso, ese que lleva el coloquial nombre de “Una de Shyamalan”. No es menos cierto que, en los hechos puros y duros, tanto desde lo relativo al árbol genealógico como en lo que refiere a los pelos y señales de la filmografía de papá, “Observados” (The Watchers) es “una de Shyamalan”. Pero no precisamente una de las mejores.

 

La heredera, que viene de una buena performance como directora de seis episodios de la serie “Servant” (producida por M. Night para Apple TV, con coprotagónico del ex Harry Potter Ruppert Grint), nos deja en claro desde el segundo cero de su debut cinematográfico que abrevó sin prejuicio alguno en la obra de su progenitor. Lo vemos en los títulos iniciales, en los fotogramas, los climas, en el trazo de los personajes,

Podríamos sintetizar el cuento diciendo que una rubia estadounidense promedio (Dakota Fanning) adquiere un loro parlanchín mientras transita el largo camino del duelo tras la muerte de su madre, ocurrida 15 años atrás en un accidente automovilístico del que se siente responsable.

 

Con la tribulación como principal accesorio cotidiano,, la rubia con lorito, habitante de una gran ciudad, habla por teléfono con su hermana, quien luego de tratarla de chiflada la invita a pasar unos días en su casa, ubicada lejos de la urbe. Y hacia allí va ella, en su auto y con su flamante mascota parlante. 

 

En medio de un bosque tupido y de aire tenebroso el auto de la rubia con lorito deja de andar y, ahí, comienza la acción.

 

La trama se desarrolla sobre el escenario de una casa-escondite enclavada en lo profundo del bosque. De arquitectura más compleja de lo que aparenta a simple vista, la vivienda tiene una pared de vidrio a través de la cual misteriosas criaturas los observan e, incluso, aplauden.

 

Liderados por una señora de pelo largo y canoso, con aires de bruja severa pero justa (Olwen Fouéré), un grupo al que se suma la rubia extraviada (aún con lorito) dialoga varios días sobre la imposibilidad de salir de la casa debido a que por la noche las criaturas emergen desde sus escondites ubicados bajo tierra y atacan sin piedad a quienes se animan a salir de la casa.

(spoiler alert)

 

¿Y si nos escapamos de día? La pregunta no aparece de esa forma en pantalla, pero es lo que podría haber formulado cualquiera de los personajes en la conversación de la que surge la idea de aprovechar la luz del sol para intentar una fuga coordinada.

 

Contada a través de una puesta visual cuidada, de tonos ocre, como si su corpus lumínico constara solo de lámparas de filamentos de diseño y bajo consumo, el film transita por el terror clásico, montado sobre infinitos clichés a la hora de las ideas narrativas (golpes de efecto, giros de esos que hemos visto millones de veces) y, sobre todo, de la conformación de los personajes. Algo muy similar, nobleza obliga, a la manera de lo que el Hollywood más rudimentario y dirigido al público con bajo IQ viene haciendo con todos los géneros desde hace años y cada vez con más ahínco.

 

Ya lo dijo Woody Allen: "Hollywood hace películas para una edad mental de 12 años". Y sí. 

 

La insustancialidad narrativa y, sobre todo, argumental, que se hace clara en la primera parte de la película, lejos de torcer el rumbo y virar hacia caminos de cierta lucidez, sucumbe de un momento a otro ante el atajo de la resolución pueril. Y lo hace con un desparpajo que transforma los títulos más chatos de la narrativa de horror estadounidense de las últimas décadas en un decálogo de buenas ideas. 

 

 

(spoiler alert 2)

 

Para ejemplo de lo antedicho alcanza tan solo con mencionar que la rubia con lorito (no lo suelta nunca) vence en tiempo récord a la villana del cuento con una seguidilla de frases de autoayuda en clave new age. Y colorin colorado, este cuento se ha terminado. Un guion imbatible en el error, como diría Jorge Luis Borges.

 

Por ahora el legado queda vacante.

 

Vayamos a las fuentes

 

Aprovechemos la oportunidad del fallido debut de Ishana para resumir, a través de sus cuatro primeros (y mejores) trabajos, por qué M. Night Shyamalan es uno de los realizadores más importantes del suspenso del siglo.

 

Sexto sentido (Sixth Sense, 1999) M. Night Shyamalan cerró el siglo XX y abrió el XXI a fuerza de un guion de hierro y una idea fuerza que se revela al final como una caja de Pandora que, de paso, nos lleva a una revisión constante del clásico, con el inmortal “I see dead people” como estribillo. ¿El mejor Bruce Willis? Sí.

 

El protegido (Unbreakable, 2000) La segunda película del director es un catálogo de méritos: los personajes, los guiños, el universo comic hecho cine con mejores armas que muchos de los productos más taquilleros del ramo de los superhéroes. Además, claro, un versus enorme a manos de Willis y Samuel L. Jackson.

Señales (Signs, 2002) Cierre del podio Shyamalan, que nos presenta una de extraterrestres casi sin extraterrestres. La película tiene elementos de “Encuentros cercanos del tercer tipo” (Steven Spielberg, 1977), pero mezclados con las herramientas del entonces joven realizador, siempre listo para aplicar un toque de oscuridad extra. Y le funciona más que bien. 

 

La aldea (The Village, 2004) La tercera no fue la vencida para M. Night y su cuarto opus fue también un éxito de crítica, gracias a un relato que por momentos linkea con Stephen King más que en el resto de su obra, que no poco le debe al autor de “Los niños del maíz” (Children of the Corn, 1984), “It” (1986) y muchas más. El moño al film se lo pone un elenco power: Joaquin Phoenix, Sigourney Weaver, William Hurt, Adrien Brody y Jesse Eisenberg.

Comentarios 1

A
Adriana Piccardo20 de junio de 2024
Excelente crítica, Castelo. Y siempre con un toque de humor.

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