
Hot Line (2025)★ 5.6/10
- Crimen
- Drama
- Horror
- Suspenso
Dirección: Lucas Nicotti
Guion: Nicanor Loreti, Paula Manzone
Buenos Aires, 1980. Malena navega por una doble vida: de noche, es bailarina en un cabaret vibrante; Durante el día, ella responde a las llamadas para una línea caliente telefónica. La ciudad se ve afectada por una serie de asesinatos brutales reportados en la radio y la televisión. Una llamada rompe la rutina de Malena. No es un cliente que busca fantasía, sino una voz escalofriante en el otro extremo de la línea. Un hombre se revela con calma como el notorio asesino de la ciudad. Él cuenta detalles específicos y horribles de sus crímenes pasados y susurra una certeza aterradora: Malena es la próxima.
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lucasesetoledo25 de junio de 2026
lucasesetoledo25 de junio de 2026Al fin pude ver la nueva película de Magui Bravi, con Nicanor Loreti haciéndose cargo de la silla del director y guion, y, aunque me cueste admitirlo, la propuesta del cineasta no me terminó de convencer.
Quiero aclarar algo desde el principio: lo mejor de la película es su elenco. Magui sostiene buena parte del metraje con su presencia siempre magnética y demuestra una vez más por qué se ganó el título de scream queen local. Sus compañeros no se quedan atrás, y nombres como Demian Salomón y Ezequiel Rodríguez (viejos conocidos de Cuando acecha la maldad) también imprimen su personalidad al proyecto, aunque lamentablemente terminan limitados por el material con el que trabajan.
La sensación que me dejó Hotline es la de una película que nunca termina de decidir qué historia quiere contar. En el papel, la propuesta resulta atractiva: una operadora de línea erótica en la Argentina de los ochenta comienza a recibir llamadas vinculadas a un asesino serial. Con eso ya tenés una premisa sólida. El problema es que la película va acumulando elementos y subtramas que no siempre conducen a algún lado, para después acordarse de que todavía tiene un conflicto principal que resolver.
En cuanto al supuesto homenaje al giallo, la búsqueda estética está. Las luces de colores están. Las escenas nocturnas tienen personalidad. Pero del giallo propiamente dicho, en términos narrativos, hay bastante poco. Falta misterio, falta paranoia, falta investigación y, sobre todo, falta esa sensación constante de estar intentando descubrir algo.
Hay dos decisiones que personalmente me costó muchísimo perdonar. La primera es mostrar demasiado pronto a uno de sus personajes clave. Si vas a jugar con los códigos del giallo, el anonimato forma parte fundamental de la experiencia. La segunda, todavía más extraña, es que una película centrada en un asesino serial muestre tan pocos asesinatos. Salvo un puñado de escenas, la violencia permanece casi siempre fuera de campo y termina funcionando más como relato que como presencia dramática.
La película avanza construyendo atmósfera durante buena parte de su primer tramo y después, de repente, parece acordarse de que tiene que contarte una historia y llegar a una conclusión. Hay elementos que podrían eliminarse sin alterar demasiado el resultado final y otros que simplemente ocurren porque el guion necesita que ocurran.
Es una lástima, porque hay una estética muy cuidada, un elenco comprometido y una premisa que podría haber dado lugar a un thriller mucho más inquietante. Por eso, al final, me quedo con la sensación de que la película le queda chica a sus actores. Especialmente a Magui, que carga sobre los hombros una historia que nunca termina de estar a la altura de las posibilidades que promete.
Quiero aclarar algo desde el principio: lo mejor de la película es su elenco. Magui sostiene buena parte del metraje con su presencia siempre magnética y demuestra una vez más por qué se ganó el título de scream queen local. Sus compañeros no se quedan atrás, y nombres como Demian Salomón y Ezequiel Rodríguez (viejos conocidos de Cuando acecha la maldad) también imprimen su personalidad al proyecto, aunque lamentablemente terminan limitados por el material con el que trabajan.
La sensación que me dejó Hotline es la de una película que nunca termina de decidir qué historia quiere contar. En el papel, la propuesta resulta atractiva: una operadora de línea erótica en la Argentina de los ochenta comienza a recibir llamadas vinculadas a un asesino serial. Con eso ya tenés una premisa sólida. El problema es que la película va acumulando elementos y subtramas que no siempre conducen a algún lado, para después acordarse de que todavía tiene un conflicto principal que resolver.
En cuanto al supuesto homenaje al giallo, la búsqueda estética está. Las luces de colores están. Las escenas nocturnas tienen personalidad. Pero del giallo propiamente dicho, en términos narrativos, hay bastante poco. Falta misterio, falta paranoia, falta investigación y, sobre todo, falta esa sensación constante de estar intentando descubrir algo.
Hay dos decisiones que personalmente me costó muchísimo perdonar. La primera es mostrar demasiado pronto a uno de sus personajes clave. Si vas a jugar con los códigos del giallo, el anonimato forma parte fundamental de la experiencia. La segunda, todavía más extraña, es que una película centrada en un asesino serial muestre tan pocos asesinatos. Salvo un puñado de escenas, la violencia permanece casi siempre fuera de campo y termina funcionando más como relato que como presencia dramática.
La película avanza construyendo atmósfera durante buena parte de su primer tramo y después, de repente, parece acordarse de que tiene que contarte una historia y llegar a una conclusión. Hay elementos que podrían eliminarse sin alterar demasiado el resultado final y otros que simplemente ocurren porque el guion necesita que ocurran.
Es una lástima, porque hay una estética muy cuidada, un elenco comprometido y una premisa que podría haber dado lugar a un thriller mucho más inquietante. Por eso, al final, me quedo con la sensación de que la película le queda chica a sus actores. Especialmente a Magui, que carga sobre los hombros una historia que nunca termina de estar a la altura de las posibilidades que promete.














