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Tomás Romero Luisi24 de septiembre de 2026
Tomás Romero Luisi24 de septiembre de 2026Viendo un documental dirigido por Rejtman, se espera o se anticipa que se haga presente el tono de Rejtman. Y aparece por momentos, pero de manera accidental. Si bien sus trabajos de ficción están caracterizados por un gobierno absolutista, en el documental pareciera que dejara reposar su control. Los momentos donde el tono aparece se da por la comicidad de los personajes que son retratados, repartidores de delivery originarios de Venezuela. Más allá de que la cámara observe, las indicaciones de entradas y salidas, o de indicios de diálogos son los que terminan definiendo el tono de la película. La primera mitad del film se caracteriza por esto, la dilatación del espacio/tiempo en la vida de los repartidores, inmigrantes, y a la espera. La otra mitad del filme sucede en Venezuela, donde todo se vuelve aún más contemplativo. Donde sucede esa otra vida, también de los venezolanos. Donde también hay repartidores, pero es donde está la familia, no donde se forma una comunidad. Venezuela se presenta inmenso, pareciera que los edificios están perdidos en la selva. Lo verde se apodera de todo. También hay costumbres y rituales, algunos incluso son tomados de la cultura estadounidense. Pareciera que lo mejor para los jóvenes es irse de su país, pero, ¿que les depara irse a la Argentina? El tiempo también se dilata allí, a la vez que lo detiene la pandemia, que lo estira. Siempre la clase media trabajadora, siempre. En ficción o documental, Rejtman ha logrado retratarla a la perfección.





