
Generación Low Cost (2021)★ 6.3/10
Zero Fucks Given
- Comedia
- Drama
Dirección: Julie Lecoustre, Emmanuel Marre
Guion: Mariette Désert, Julie Lecoustre, Emmanuel Marre
Una joven azafata pierde su trabajo en una aerolínea de bajo costo.
Artículos sobre esto
Reparto y equipo
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Adèle ExarchopoulosCassandre Wassels
Alexandre PerrierJean Wassels
Mara TaquinMélissa Wassels
Arthur EgloffArthur
Tamara Al SaadiDounia
David Martinez PinonBase Supervisor
Soraya AmateColocataire Cassandre
Martina AmatoColocataire Cassandre
Blanche VieillevoyeHôtesse Wing
Francesco MonnoSteward Wing
Francesca DiomediHôtesse Wing
Jimena Arias BernalHôtesse WingVideos
Ver todo ›Premios · 1 premios, 2 nominaciones
Ver todo ›- GanadorCannes Film Festival 2021Gan Foundation Support for Distribution · Gan Foundation Award for Distribution
- NominadoCannes Film Festival 2021Critics' Week Grand Prize · Critics' Week Grand Prize
- NominadoCannes Film Festival 2021Golden Camera · Golden Camera
Reseñas
F
FilmArte11 de octubre de 2025
FilmArte11 de octubre de 2025Película belga de los directores Julie Lecoustre y Emmanuel Marre, que, en principio, a pocas horas de haberla experimentado puedo decir que es un largometraje que se va digiriendo de a poco y para su suerte, a medida que pasa más el tiempo esa digestión se hace más favorable para sus suertes y para poder percibirla con mayor claridad a la hora de evaluar esos pro y esas contras que tiene en el transcurso de sus casi dos horas de duración, hecho no menor ya que también tocará hablar de la duración que abarca su desarrollo y en el modo en que esta trata de organizarlo.
Zero Fucks Given nos invita a seguir el día a día de una azafata de avión, desde allí se establece un recorrido en el que vamos a percibir como es su vida y sus emociones, el círculo laboral y privado que la rodea y lo que notamos desde un principio, lo que esconde en sus sentimientos más profundos, un vacío que intenta tapar con horas y horas de trabajo para mantener su cabeza ocupada pero que, a medida que ese ritmo laboral se para, notamos que algo sucede en el interior de esa mujer en principio distante a la hora de tener que hacerse cargo de sus emociones y que preferentemente quiere mantenerse alejada del sentir emociones demasiado profundas.
Julie Lecoustre y Emmanuel Marre no intentan hacer de su largometraje una denuncia sobre las pésimas condiciones laborales del personal de avión, o al menos, no es el punto primordial, sino que en este caso esas condiciones de trabajo son el terreno firme para crear todo un interesante cóctel alrededor de su personaje principal que va desde la crítica hacia las formas de aparentar, la banalidad de las redes sociales que predominan en la vida actual de los jóvenes, donde todo lo que se ve a través de una pantalla es lo mejor, lo más bonito, muchas veces vendiendo postales que son solo un lindo envoltorio y nada en profundidad hasta aprovechar para excavar en lo profundo de esa mujer.
En el hecho de tratar de profundizar en su figura principal, termina resultando si se quiere, en una especie de estudio de personaje, que iremos conociendo a medida que avanzamos cada vez más y mejor, alguien que sobre si giran secretos si se quiere, o cosas que mejor no decir ni recordar, esa joven que se refugia en las interminables horas de trabajo para luego desembocar en las redes sociales buscando hombres de manera fugaz para luego descargar en alocadas fiestas de excesos pero que, aún así en todas esas facetas se la nota vacía por dentro, eso es lo que expresa su mirada, alguien que intenta mediante sucesos insustanciales cubrir ese agujero que deje entrever en todo momento y más, en las ocasiones en las que le toca aterrizar a tierra.
Llegando a su segunda mitad se irán revelando esos pequeños pasajes para con nosotros los espectadores acerca de la necesidad que tendremos de saber más sobre su vida, y claro está que todo inevitablemente terminará por hacer que ella se tenga que enfrentar a todo lo que intentaba esquivar hasta entonces, es allí donde la película toma un leve vuelco de ritmo, inclinándola un poco más hacia le lentitud, hacia lo íntimo y extrayendo su faceta más personal en la que se verá obligada a enfrentar sus tragedias, sus miedos, las expectativas de los demás hacia ella y sus duelos.
Adèle Exarchopoulos como protagonista está sobresaliente, de hecho pareciera ser una actriz que es garantía de buen nivel que nunca decepciona a pesar de que a veces los largometrajes no se encuentren a la altura de ella, en su caso interpretativo en varios fragmentos logra expresar una emocionalidad por de más destructiva, cosa que el film como producto total no se permite explotar del todo ese potencial dramático e introspectivo acorde a lo que puede ofrecer su protagonista con una simple mirada hacia la nada, con una voz que parece desinteresada, como que nada le preocupa y que nada le llega, pero que sabemos que a fin de cuentas es todo lo contrario, esa chica es con la que podemos empatizar, entenderla, saber que su refugio es también su peligrosa y contraproducente zona de confort, pero que tampoco la juzgamos, sino que solo transitamos sus procesos con ella.
Curiosamente como espectador, a pesar de que pude entender los procesos por los que transita su personaje en la segunda mitad, debo decir que me sentí más cómodo durante la primera etapa, no es la primera vez que me sucede con desarrollos que proponen esos golpes de ritmos desde una etapa hacia otra en pos de pretender volverlas una especie de declive para sus figuras, aunque de todos modos y como menciono al principio, quizás ese sea el punto de quiebre adecuado para una película que se procesa un largo rato luego de experimentarla al menos en mi caso, por primera vez, sintiéndola más confortable de lo que me dejó en sensaciones durante sus primeros minutos de finalizada, si sostengo en tal caso, que hubiese sido un concepto aún más redondo con algunos minutos menos de metraje, tal vez unos 15 minutos menos le hubiesen beneficiado todavía más.
Zero Fucks Given nos invita a seguir el día a día de una azafata de avión, desde allí se establece un recorrido en el que vamos a percibir como es su vida y sus emociones, el círculo laboral y privado que la rodea y lo que notamos desde un principio, lo que esconde en sus sentimientos más profundos, un vacío que intenta tapar con horas y horas de trabajo para mantener su cabeza ocupada pero que, a medida que ese ritmo laboral se para, notamos que algo sucede en el interior de esa mujer en principio distante a la hora de tener que hacerse cargo de sus emociones y que preferentemente quiere mantenerse alejada del sentir emociones demasiado profundas.
Julie Lecoustre y Emmanuel Marre no intentan hacer de su largometraje una denuncia sobre las pésimas condiciones laborales del personal de avión, o al menos, no es el punto primordial, sino que en este caso esas condiciones de trabajo son el terreno firme para crear todo un interesante cóctel alrededor de su personaje principal que va desde la crítica hacia las formas de aparentar, la banalidad de las redes sociales que predominan en la vida actual de los jóvenes, donde todo lo que se ve a través de una pantalla es lo mejor, lo más bonito, muchas veces vendiendo postales que son solo un lindo envoltorio y nada en profundidad hasta aprovechar para excavar en lo profundo de esa mujer.
En el hecho de tratar de profundizar en su figura principal, termina resultando si se quiere, en una especie de estudio de personaje, que iremos conociendo a medida que avanzamos cada vez más y mejor, alguien que sobre si giran secretos si se quiere, o cosas que mejor no decir ni recordar, esa joven que se refugia en las interminables horas de trabajo para luego desembocar en las redes sociales buscando hombres de manera fugaz para luego descargar en alocadas fiestas de excesos pero que, aún así en todas esas facetas se la nota vacía por dentro, eso es lo que expresa su mirada, alguien que intenta mediante sucesos insustanciales cubrir ese agujero que deje entrever en todo momento y más, en las ocasiones en las que le toca aterrizar a tierra.
Llegando a su segunda mitad se irán revelando esos pequeños pasajes para con nosotros los espectadores acerca de la necesidad que tendremos de saber más sobre su vida, y claro está que todo inevitablemente terminará por hacer que ella se tenga que enfrentar a todo lo que intentaba esquivar hasta entonces, es allí donde la película toma un leve vuelco de ritmo, inclinándola un poco más hacia le lentitud, hacia lo íntimo y extrayendo su faceta más personal en la que se verá obligada a enfrentar sus tragedias, sus miedos, las expectativas de los demás hacia ella y sus duelos.
Adèle Exarchopoulos como protagonista está sobresaliente, de hecho pareciera ser una actriz que es garantía de buen nivel que nunca decepciona a pesar de que a veces los largometrajes no se encuentren a la altura de ella, en su caso interpretativo en varios fragmentos logra expresar una emocionalidad por de más destructiva, cosa que el film como producto total no se permite explotar del todo ese potencial dramático e introspectivo acorde a lo que puede ofrecer su protagonista con una simple mirada hacia la nada, con una voz que parece desinteresada, como que nada le preocupa y que nada le llega, pero que sabemos que a fin de cuentas es todo lo contrario, esa chica es con la que podemos empatizar, entenderla, saber que su refugio es también su peligrosa y contraproducente zona de confort, pero que tampoco la juzgamos, sino que solo transitamos sus procesos con ella.
Curiosamente como espectador, a pesar de que pude entender los procesos por los que transita su personaje en la segunda mitad, debo decir que me sentí más cómodo durante la primera etapa, no es la primera vez que me sucede con desarrollos que proponen esos golpes de ritmos desde una etapa hacia otra en pos de pretender volverlas una especie de declive para sus figuras, aunque de todos modos y como menciono al principio, quizás ese sea el punto de quiebre adecuado para una película que se procesa un largo rato luego de experimentarla al menos en mi caso, por primera vez, sintiéndola más confortable de lo que me dejó en sensaciones durante sus primeros minutos de finalizada, si sostengo en tal caso, que hubiese sido un concepto aún más redondo con algunos minutos menos de metraje, tal vez unos 15 minutos menos le hubiesen beneficiado todavía más.










