
Déjalo ser (1970)★ 7.4/10
Let It Be
- Documental
- Música
Dirección: Michael Lindsay-Hogg
El relato filmado del intento de The Beatles de recuperar su antiguo espíritu grupal haciendo un álbum de regreso a lo básico, que en cambio los separó aún más.
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Sue AhearneSelf - 'Apple Scruff' (uncredited)
The BeatlesThemselves (uncredited)
Peter BrownSelf (uncredited)
Peter CraddockSelf - Third London Police Officer on Rooftop (uncredited)
Ray DaggSelf - First London Police Officer on Rooftop (uncredited)
Geoff EmerickSelf (uncredited)
Mal EvansSelf (uncredited)
Kevin HarringtonSelf (uncredited)
George HarrisonSelf (The Beatles) (uncredited)
David KendrickSelf - Moustachioed London Police Sergeant (uncredited)
Eileen KensleySelf - 'Apple Scruff' (uncredited)
John LennonSelf (The Beatles) (uncredited)Videos
Ver todo ›Premios · 1 premios, 0 nominaciones
Ver todo ›- GanadorAcademy Awards, USA 1971Oscar · Mejor banda sonora original
Reseñas
L
LucianoAvila31 de julio de 2024
LucianoAvila31 de julio de 2024Una de las mejores cosas que se podían desprender de la miniserie de Peter Jackson, era que impulsara la remasterización de este, el documental original, que hasta hace pocos meses seguía confinado a verse en un escaneo cuya calidad bordeaba lo inmirable.
Los documentales suelen reflexionar hacia atrás, suelen llegar luego de que los hechos acontecieron. Porque es fácil reconocer algo como importante cuando ya sucedió y el tiempo ha cosechado consecuencias que permiten apreciarlo, pero lo verdaderamente difícil es reconocerlo como relevante en el presente y pensar en registrarlo mientras está sucediendo, como anticipando que eso será importante. Cosa que sin dudas es el gran (y tal vez el único) logro de este documental, que consiguió capturar con una filmación inusualmente amplia la creación de un disco (o dos si tenemos en cuenta que también aparecen canciones de Abbey Road) y de un concierto históricos.
Por eso es que la riqueza de esta película no pasa tanto por la destreza narrativa de la misma, sino por la colosal figura de Los Beatles, capaz de hacer que cualquier registro suyo (sobre todo de este momento clave en su carrera) se vuelva un tesoro por su valor histórico, independientemente de cómo esté registrado.
De hecho, esto queda bastante claro en la segunda mitad de la película, cuando esta se entrega al fan service, limitándose a mostrar grabaciones de canciones más que momentos íntimos de la banda. Momentos que, si bien por supuesto tienen un gran valor, no dejan de quitarle lugar a la posibilidad de incluir otro material más particular o desconocido para el espectador y que busque una narrativa propia, que es básicamente lo que medio siglo después rescataría Peter Jackson.
Intercalados con estos momentos musicales, hay repartidos retazos de una situación más amplia que lo que la película se atreve a evidenciar, que conociendo algunos detalles por fuera del documental uno puede notar y expandir, como la presencia de Yoko como una sombra de John, la regular apatía de Ringo (que durante la grabación del disco anterior abandonó brevemente la banda) y sobre todo la de George (que durante estas grabaciones abandonó brevemente la banda), o incluso ciertas diferencias musicales que evidencian el Frankenstein de distintas tomas que terminó siendo el disco Let It Be.
El clima que se respira es agridulce, tiene varias idas y vueltas con diversión y diferencias entre los integrantes, se siente una desunión y un desánimo general, interrumpido intermitentemente por algunas reconexiones personales entre ellos que solo parece ser capaz de lograr la música, pero que por debajo no deja de haber una cierta rispidez irresuelta.
Tal vez mi parte favorita es cuando George le enseña a Ringo cómo componer su propia canción.
Los documentales suelen reflexionar hacia atrás, suelen llegar luego de que los hechos acontecieron. Porque es fácil reconocer algo como importante cuando ya sucedió y el tiempo ha cosechado consecuencias que permiten apreciarlo, pero lo verdaderamente difícil es reconocerlo como relevante en el presente y pensar en registrarlo mientras está sucediendo, como anticipando que eso será importante. Cosa que sin dudas es el gran (y tal vez el único) logro de este documental, que consiguió capturar con una filmación inusualmente amplia la creación de un disco (o dos si tenemos en cuenta que también aparecen canciones de Abbey Road) y de un concierto históricos.
Por eso es que la riqueza de esta película no pasa tanto por la destreza narrativa de la misma, sino por la colosal figura de Los Beatles, capaz de hacer que cualquier registro suyo (sobre todo de este momento clave en su carrera) se vuelva un tesoro por su valor histórico, independientemente de cómo esté registrado.
De hecho, esto queda bastante claro en la segunda mitad de la película, cuando esta se entrega al fan service, limitándose a mostrar grabaciones de canciones más que momentos íntimos de la banda. Momentos que, si bien por supuesto tienen un gran valor, no dejan de quitarle lugar a la posibilidad de incluir otro material más particular o desconocido para el espectador y que busque una narrativa propia, que es básicamente lo que medio siglo después rescataría Peter Jackson.
Intercalados con estos momentos musicales, hay repartidos retazos de una situación más amplia que lo que la película se atreve a evidenciar, que conociendo algunos detalles por fuera del documental uno puede notar y expandir, como la presencia de Yoko como una sombra de John, la regular apatía de Ringo (que durante la grabación del disco anterior abandonó brevemente la banda) y sobre todo la de George (que durante estas grabaciones abandonó brevemente la banda), o incluso ciertas diferencias musicales que evidencian el Frankenstein de distintas tomas que terminó siendo el disco Let It Be.
El clima que se respira es agridulce, tiene varias idas y vueltas con diversión y diferencias entre los integrantes, se siente una desunión y un desánimo general, interrumpido intermitentemente por algunas reconexiones personales entre ellos que solo parece ser capaz de lograr la música, pero que por debajo no deja de haber una cierta rispidez irresuelta.
Tal vez mi parte favorita es cuando George le enseña a Ringo cómo componer su propia canción.














