
Cortocircuito (1986)★ 6.9/10
Short Circuit
- Comedia
- Familia
- Ciencia Ficción
Dirección: John Badham
Guion: S.S. Wilson, Brent Maddock, Jay Tarses
El número 5 de un grupo de robots experimentales de un laboratorio se electrocuta, y de repente se vuelve inteligente y escapa.
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- NominadoAcademy of Science Fiction, Fantasy & Horror Films, USA 1987Saturn Award · Best Director
Reseñas
E
Esteban Eordogh11 de junio de 2026
Esteban Eordogh11 de junio de 2026Si cierras los ojos y piensas en los años 80, es muy probable que te venga a la mente una mezcla de sintetizadores, chaquetas vaqueras y esa inocencia cinematográfica que hoy tanto escasez. En medio de esa mina de nostalgia se encuentra Cortocircuito (Short Circuit, 1986), una película que, vista hoy, va mucho más allá de ser una simple comedia de ciencia ficción para morder un pedazo de nuestra propia humanidad.
Aquí te dejo mi lectura de este clásico, de tú a tú.
El corazón detrás del metal
La premisa la conocemos todos: el prototipo militar "Número 5" recibe el impacto de un rayo y, en lugar de fundirse, despierta. Pero no despierta como una máquina programada; despierta a la vida.
Lo verdaderamente hermoso de Cortocircuito no son sus efectos especiales (que, honestamente, han envejecido con un encanto analógico irresistible), sino cómo retrata el asombro. Cuando Número 5 llega a la casa de Stephanie (interpretada por una encantadora Ally Sheedy), no busca conquistar el mundo ni destruirlo. Busca "datos". Quiere leer libros a la velocidad de la luz, ver la televisión, entender por qué saltan los saltamontes.
Es una metáfora preciosa de la infancia. De ese momento en el que el mundo es un lienzo en blanco y todo, absolutamente todo, es digno de ser aprendido.
Lo mejor y lo que pincha
La evolución de Johnny 5: Verlo pasar de ser un arma de destrucción masiva a un ser que se horroriza al comprender el concepto de la muerte (cuando aplasta por accidente a un insecto) es un puñetazo directo al corazón. Es el momento en que deja de ser un "qué" para convertirse en un "quién".
El humor y la química: La relación entre el robot y Stephanie se siente genuina, tierna y divertida.
El contrapunto: Vista con los ojos de hoy, la película sufre de algunos males de su época. El más flagrante es el personaje de Ben Jabituya, interpretado por Fisher Stevens (un actor blanco con maquillaje y un acento indio exageradísimo). Es un detalle que hoy cruje bastante y te saca un poco de la historia.
Un reflejo en el espejo
¿Por qué nos sigue conmoviendo la historia de un robot que huye de sus creadores? Quizá porque todos, en algún momento, nos hemos sentido un poco como Número 5. Atrapados en las expectativas de lo que la sociedad, el trabajo o la familia "programaron" para nosotros, deseando rebelarnos, gritar "¡Número 5 está vivo!" y salir corriendo a descubrir quiénes somos realmente por nuestra cuenta.
Es una película imperfecta, hija de su tiempo, pero con un alma gigante. Nos recuerda que estar vivo no es solo respirar; es tener curiosidad, sentir empatía y defender nuestra individualidad frente a un mundo que a menudo prefiere que seamos máquinas obedientes.
Evaluación final: ¿Cuántas estrellas se lleva?
💫💫💫💫 (4 de 5 estrellas)
Le quito una estrella por los chistes que no envejecieron bien y el ritmo un poco caótico del tercer acto, pero se queda con cuatro bien merecidas por su ternura incombustible. Es una caricia de nostalgia que te reconcilia con el niño que llevas dentro.
Aquí te dejo mi lectura de este clásico, de tú a tú.
El corazón detrás del metal
La premisa la conocemos todos: el prototipo militar "Número 5" recibe el impacto de un rayo y, en lugar de fundirse, despierta. Pero no despierta como una máquina programada; despierta a la vida.
Lo verdaderamente hermoso de Cortocircuito no son sus efectos especiales (que, honestamente, han envejecido con un encanto analógico irresistible), sino cómo retrata el asombro. Cuando Número 5 llega a la casa de Stephanie (interpretada por una encantadora Ally Sheedy), no busca conquistar el mundo ni destruirlo. Busca "datos". Quiere leer libros a la velocidad de la luz, ver la televisión, entender por qué saltan los saltamontes.
Es una metáfora preciosa de la infancia. De ese momento en el que el mundo es un lienzo en blanco y todo, absolutamente todo, es digno de ser aprendido.
Lo mejor y lo que pincha
La evolución de Johnny 5: Verlo pasar de ser un arma de destrucción masiva a un ser que se horroriza al comprender el concepto de la muerte (cuando aplasta por accidente a un insecto) es un puñetazo directo al corazón. Es el momento en que deja de ser un "qué" para convertirse en un "quién".
El humor y la química: La relación entre el robot y Stephanie se siente genuina, tierna y divertida.
El contrapunto: Vista con los ojos de hoy, la película sufre de algunos males de su época. El más flagrante es el personaje de Ben Jabituya, interpretado por Fisher Stevens (un actor blanco con maquillaje y un acento indio exageradísimo). Es un detalle que hoy cruje bastante y te saca un poco de la historia.
Un reflejo en el espejo
¿Por qué nos sigue conmoviendo la historia de un robot que huye de sus creadores? Quizá porque todos, en algún momento, nos hemos sentido un poco como Número 5. Atrapados en las expectativas de lo que la sociedad, el trabajo o la familia "programaron" para nosotros, deseando rebelarnos, gritar "¡Número 5 está vivo!" y salir corriendo a descubrir quiénes somos realmente por nuestra cuenta.
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Evaluación final: ¿Cuántas estrellas se lleva?
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Le quito una estrella por los chistes que no envejecieron bien y el ritmo un poco caótico del tercer acto, pero se queda con cuatro bien merecidas por su ternura incombustible. Es una caricia de nostalgia que te reconcilia con el niño que llevas dentro.




















