
El jinete sobre el tejado (1995)★ 7.5/10
The Horseman on the Roof
- Aventura
- Drama
- Romance
- Guerra
Dirección: Jean-Paul Rappeneau
Guion: Jean Giono, Jean-Paul Rappeneau, Nina Companeez, Jean-Claude Carrière
En una época de guerra y enfermedad, un joven oficial trata valientemente de ayudar a una joven a encontrar a su marido.
Reparto y equipo
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Olivier MartinezAngelo Pardi
Juliette BinochePauline de Théus
Pierre ArditiMonsieur Peyrolle
François CluzetThe Doctor
Jean YanneLe Colporteur
Claudio AmendolaMaggionari
Isabelle CarréThe Tutor
Carlo CecchiGiuseppe
Christiane CohendyMadame Peyrolle
Jacques SereysThe old man
Nathalie KrebsMadame Barthelemy
Laura MarinoniCarlaReseñas
E
Esteban Eordogh28 de junio de 2026
Esteban Eordogh28 de junio de 2026«El jinete sobre el tejado» (Le hussard sur le toit, 1995) es una luminosa anomalía: una película que habla de la peste y la muerte, pero que te deja con unas ganas feroces de vivir. Jean-Paul Rappeneau logró filmar una superproducción histórica que, milagrosamente, nunca pierde su alma ni su intimidad bajo el peso de los decorados provenzales.
La historia y su latido
La trama nos sitúa en la Francia de 1832, asolada por una epidemia de cólera. En medio del horror, los caminos de Angelo Pardi (un joven coronel italiano idealista) y Pauline de Théus (una noble que busca desesperadamente a su marido) se cruzan.
Lo hermoso de esta película no es el contexto político o la reconstrucción de época —que son impecables—, sino el viaje emocional de sus protagonistas. Angelo, interpretado por un jovencísimo y magnético Olivier Martinez, es un héroe de los que ya no quedan: noble hasta la médula, limpio de cinismo, una brisa de aire fresco en un mundo que se pudre literalmente a su alrededor. A su lado, Juliette Binoche dota a Pauline de una dignidad y una fuerza contenida que traspasa la pantalla.
Por qué se siente tan viva
Hay tres elementos que hacen que esta película se quede grabada en el pecho:
El contacto humano como salvación: En un momento donde el miedo al contagio hace que los hombres se traten como monstruos, los gestos de cuidado entre Angelo y Pauline (como la bellísima y desesperada escena donde él la frota con alcohol para salvarla de la muerte) se sienten casi sagrados.
La luz de la Provenza: La fotografía de Thierry Arbogast es una caricia. Contrasta la oscuridad de la enfermedad con unos paisajes deslumbrantes, recordándonos que la naturaleza sigue siendo hermosa a pesar del dolor humano.
Una tensión que no necesita consumarse: La química entre los protagonistas es brutal, pero Rappeneau elige el camino del respeto y la contención. Es una historia de amor que se respira, se mira y se siente en la lealtad, sin necesidad de caer en el cliché.
Quizá el ritmo se apresura un poco hacia el tercio final, queriendo cerrar demasiadas subtramas de la novela original de Jean Giono, pero es un pecado menor para una obra tan generosa en sus emociones.
Evaluación
Evaluación: 💫 4.5 / 5 estrellas
Una obra bellísima, romántica en el sentido más puro y noble de la palabra. Si buscas una película que te reconcilie con la bondad humana y te llene los ojos de cine en mayúsculas, tienes que verla.
La historia y su latido
La trama nos sitúa en la Francia de 1832, asolada por una epidemia de cólera. En medio del horror, los caminos de Angelo Pardi (un joven coronel italiano idealista) y Pauline de Théus (una noble que busca desesperadamente a su marido) se cruzan.
Lo hermoso de esta película no es el contexto político o la reconstrucción de época —que son impecables—, sino el viaje emocional de sus protagonistas. Angelo, interpretado por un jovencísimo y magnético Olivier Martinez, es un héroe de los que ya no quedan: noble hasta la médula, limpio de cinismo, una brisa de aire fresco en un mundo que se pudre literalmente a su alrededor. A su lado, Juliette Binoche dota a Pauline de una dignidad y una fuerza contenida que traspasa la pantalla.
Por qué se siente tan viva
Hay tres elementos que hacen que esta película se quede grabada en el pecho:
El contacto humano como salvación: En un momento donde el miedo al contagio hace que los hombres se traten como monstruos, los gestos de cuidado entre Angelo y Pauline (como la bellísima y desesperada escena donde él la frota con alcohol para salvarla de la muerte) se sienten casi sagrados.
La luz de la Provenza: La fotografía de Thierry Arbogast es una caricia. Contrasta la oscuridad de la enfermedad con unos paisajes deslumbrantes, recordándonos que la naturaleza sigue siendo hermosa a pesar del dolor humano.
Una tensión que no necesita consumarse: La química entre los protagonistas es brutal, pero Rappeneau elige el camino del respeto y la contención. Es una historia de amor que se respira, se mira y se siente en la lealtad, sin necesidad de caer en el cliché.
Quizá el ritmo se apresura un poco hacia el tercio final, queriendo cerrar demasiadas subtramas de la novela original de Jean Giono, pero es un pecado menor para una obra tan generosa en sus emociones.
Evaluación
Evaluación: 💫 4.5 / 5 estrellas
Una obra bellísima, romántica en el sentido más puro y noble de la palabra. Si buscas una película que te reconcilie con la bondad humana y te llene los ojos de cine en mayúsculas, tienes que verla.








