
La leyenda de 1900 (1998)★ 7.7/10
The Legend of 1900
- Drama
- Música
- Romance
Dirección: Giuseppe Tornatore
Guion: Alessandro Baricco, Giuseppe Tornatore
Un prodigio musical nacido en un transatlántico nunca pone un pie en tierra. Años después, cuando el barco se enfrenta a la demolición, un amigo lo busca.
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troyd-37 de febrero de 2024
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Ver todo ›- NominadoPrêmio Guarani 2001Premio Guarani · Best Foreign Film
- GanadorGolden Globes, USA 2000Golden Globe · Mejor banda sonora – Película
- NominadoToronto International Film Festival 1999People's Choice Award · Masters
Reseñas
H
Harvey Quevedo18 de mayo de 2026
Harvey Quevedo18 de mayo de 2026Muy buena y práctica, la verdad la recomiendo
A
Alma Raquel Alonso Lucena17 de diciembre de 2025
Alma Raquel Alonso Lucena17 de diciembre de 2025•Sacaré mi lado sensible para escribir esta reseña, porque sí, el filme te embarga de poesía.
¿Cómo podemos abrazar la melancolía y oír el arte que se siente en ella? Esa pregunta la contesta, con una delicadeza y sensibilidad, el genio director y guionista Giuseppe Tornatore.
La leyenda de 1900 (1998) es una película de romance, música y drama que nos presenta a un prodigio del piano, criado desde bebé en un transatlántico que se convierte en su único universo y lugar seguro que conoce.
A través de la voz de un viejo amigo trompetista, que formó parte de la orquesta del barco, iremos descubriendo sus fragmentos, en flashbacks que se deslizan como olas suaves y a la par intensas.
La narración fluye y te arrastra en un vaivén constante: poco a poco te empapas de ese mar infinito, comprendes el apego a contemplarlo, la grandeza de su quietud y, al mismo tiempo, la furia de sus tormentas. Y sin embargo, el océano nunca defrauda; permanece ahí, fiel, mientras tú flotas en un buque que es tu refugio contra todo.
En algún momento entiendes lo que el mar le susurra a Novecento: la existencia es inmensa, con cientos de posibilidades; atrévete a interpretarla, no temas tocar tus propias melodías a pesar de que el teclado tenga infinitas piezas.
No podemos juzgar las elecciones de Novecento. Él solo buscaba dominar su rutina, delimitar sus horizontes para sujetar su soledad y, sobre todo, la certidumbre. El barco, el mar y el piano eran finitos, y eso le bastaba. Bajarse a tierra firme significaba perder esa barrera protectora y enfrentarse a un mundo de calles sin fin, mujeres y barrios impredecibles, decisiones que quizá no estuviera preparado para asumir (miedo a empezar de cero). Prefirió quedarse antes que arriesgarse a no estar a la altura de lo ilimitado.
Aunque, si pudiera hablarle, le diría que afuera, incluso en el caos de una ciudad, también hay amor puro, hay ideas creativas por resolver, hay partituras esperando ser reinventadas. Que los talentos están hechos para compartirse, para entregar un pedazo de lo que uno lleva dentro y, justamente así, volverse eterno (inmortal y suficiente). Porque quien aprenda a escucharte te convertirá en esa composición perfecta a la que no le falta ni le sobra una sola nota.
Me ha dejado profundamente conmovida.
Hace tiempo, la persona que amo me confesó que le gustaría entender de poesía; yo, hoy, quisiera entender de música. Y no obstante, me doy cuenta de que una se sostiene en la otra. En la melodía que brota del alma siempre hay versos, y en las palabras escritas con el corazón inevitablemente se reproduce un ritmo al compás y sonido de los latidos.
¿Cómo podemos abrazar la melancolía y oír el arte que se siente en ella? Esa pregunta la contesta, con una delicadeza y sensibilidad, el genio director y guionista Giuseppe Tornatore.
La leyenda de 1900 (1998) es una película de romance, música y drama que nos presenta a un prodigio del piano, criado desde bebé en un transatlántico que se convierte en su único universo y lugar seguro que conoce.
A través de la voz de un viejo amigo trompetista, que formó parte de la orquesta del barco, iremos descubriendo sus fragmentos, en flashbacks que se deslizan como olas suaves y a la par intensas.
La narración fluye y te arrastra en un vaivén constante: poco a poco te empapas de ese mar infinito, comprendes el apego a contemplarlo, la grandeza de su quietud y, al mismo tiempo, la furia de sus tormentas. Y sin embargo, el océano nunca defrauda; permanece ahí, fiel, mientras tú flotas en un buque que es tu refugio contra todo.
En algún momento entiendes lo que el mar le susurra a Novecento: la existencia es inmensa, con cientos de posibilidades; atrévete a interpretarla, no temas tocar tus propias melodías a pesar de que el teclado tenga infinitas piezas.
No podemos juzgar las elecciones de Novecento. Él solo buscaba dominar su rutina, delimitar sus horizontes para sujetar su soledad y, sobre todo, la certidumbre. El barco, el mar y el piano eran finitos, y eso le bastaba. Bajarse a tierra firme significaba perder esa barrera protectora y enfrentarse a un mundo de calles sin fin, mujeres y barrios impredecibles, decisiones que quizá no estuviera preparado para asumir (miedo a empezar de cero). Prefirió quedarse antes que arriesgarse a no estar a la altura de lo ilimitado.
Aunque, si pudiera hablarle, le diría que afuera, incluso en el caos de una ciudad, también hay amor puro, hay ideas creativas por resolver, hay partituras esperando ser reinventadas. Que los talentos están hechos para compartirse, para entregar un pedazo de lo que uno lleva dentro y, justamente así, volverse eterno (inmortal y suficiente). Porque quien aprenda a escucharte te convertirá en esa composición perfecta a la que no le falta ni le sobra una sola nota.
Me ha dejado profundamente conmovida.
Hace tiempo, la persona que amo me confesó que le gustaría entender de poesía; yo, hoy, quisiera entender de música. Y no obstante, me doy cuenta de que una se sostiene en la otra. En la melodía que brota del alma siempre hay versos, y en las palabras escritas con el corazón inevitablemente se reproduce un ritmo al compás y sonido de los latidos.
A
Antonio Valdez Rojas23 de noviembre de 2025
Antonio Valdez Rojas23 de noviembre de 2025Mmmm
C
Chris_Docker1 de septiembre de 2024
Chris_Docker1 de septiembre de 2024En términos generales, esta película está creada de una forma hermosa y nos ofrece algunas perspectivas sobre la modernidad, pero en realidad, tanto el medio de narración como la música son bastante convencionales. Esa escena donde 1900 crea historias y música para cada persona se parece más bien a la literatura y aunque sea se inclina hacia la expresión verbal. Por su parte, la música en sí es no narrativa, no lineal y hasta no descriptiva. De todas formas, esos momentos logran brillar intensamente.
A
Andres_Vickers1 de septiembre de 2024
Andres_Vickers1 de septiembre de 2024Esta película, elogiada como una obra de arte en la historia del cine, de alguna manera es insuficiente para mí, incluso en los momentos que deberían ser emotivos. Primero, tiene esta atmósfera caprichosa y romántica mientras que actúa como una fábula moderna que revela la dura realidad de la vida. En segundo lugar, es impresionante cómo lograron retratar con éxito a un personaje que es un genio y cómo convencieron por completo a los espectadores de que ese genio existió. Y, por cierto, la banda sonora también merece algo de reconocimiento, pero, en resumidas cuentas, no puedo permitirme admirar la personalidad de 1900 con sus características subyacentes "cobardes", a pesar del talento innegable que tiene.
B
Brian_Harrell1 de septiembre de 2024
Brian_Harrell1 de septiembre de 2024Todavía no terminé de ver esta película tan aclamada. Desde el comienzo me di cuenta que no era mi estilo. Se ve forzada y demasiado dramática, ya sea en la narración o en las actuaciones de los personajes. Y ni siquiera hablemos de la filosofía de vida del director. Pero si nos enfocamos en la narración solamente, es como si se hubieran esforzado demasiado y es casi como si hubieran escrito un trabajo para la escuela primaria al que le falta profundidad y que no logró llamar mi atención, y mucho menos conmoverme.
A
Ashley_Gresham3 de agosto de 2024
Ashley_Gresham3 de agosto de 2024Lo que más me atrae de La leyenda del pianista en el océano, o más bien lo que atrae a Max, es su singularidad. Su mundo es completo y hermoso, lleno de pura alegría y de la melancolía y el anhelo del corazón humano. Mientras lo veo, me pregunto si es más importante tener un mundo propio o integrarse al que ya existe.
E
Eli_Silva3 de agosto de 2024
Eli_Silva3 de agosto de 2024El pianista pertenece al mar, es de espíritu libre y desenfrenado, y solo allí encuentra alegría y felicidad. Tal vez pienses que debería actuar en la gran ciudad para vivir bien y no morir en silencio, pero para él, el barco es todo su mundo, y el lugar donde encuentra la paz. Por lo tanto, el barco y el mar son los mejores lugares para él.
A
Anna_Willis2 de septiembre de 2024
Anna_Willis2 de septiembre de 2024É lindamente elaborado e oferece alguns insights sobre a modernidade, mas, na realidade, tanto o meio de contar histórias quanto a música são bastante mainstream. A cena em que 1900 cria histórias e músicas para cada pessoa parece mais literatura, inclinando-se para a expressão verbal. Enquanto isso, a própria música é inerentemente não narrativa, não linear e até mesmo não descritiva. Ainda assim, esses momentos conseguem brilhar intensamente.
C
Clay_Cabrera2 de septiembre de 2024
Clay_Cabrera2 de septiembre de 2024Elogiado como uma obra-prima da história do cinema, de alguma forma fica aquém para mim, mesmo nos momentos que deveriam ser emocionantes. Tem essa vibe extravagante e romântica ao mesmo tempo que atua como uma fábula moderna que revela as duras realidades da vida. É impressionante como retratam com sucesso um personagem genial e convencem totalmente o público da existência desse gênio; e, ah, a trilha sonora também merece algum reconhecimento. Infelizmente, porém, não consigo admirar a personalidade de 1900 com seus traços “covardes”, apesar de seu talento inegável.
G
Gary_Pruitt2 de septiembre de 2024
Gary_Pruitt2 de septiembre de 2024Ainda não terminei de assistir, mas posso dizer que não é dos meus favoritos desde o início. É forçado e dramático demais, seja na narrativa ou nas atuações, e nem vamos entrar na filosofia de vida do diretor. Focando apenas na narrativa, é como se estivessem se esforçando demais, quase como se escrevessem uma redação pra escola, sem profundidade e sem conseguir chamar minha atenção, muito menos me emocionar.
R
Ray_Bowen24 de julio de 2024
Ray_Bowen24 de julio de 20241900 pertence ao navio. Ele é de espírito livre e irrestrito, encontrando sua alegria e felicidade ali. Talvez você pense que ele deveria se apresentar na grande cidade para viver bem e não morrer em silêncio, mas para 1900, o navio é todo o seu mundo e o lugar onde ele encontra paz. Assim, o navio e o mar são os melhores lugares para ele.



























