
T2 Trainspotting: La vida en el abismo (2017)★ 7.3/10
T2 Trainspotting
- Comedia
- Crimen
- Drama
Dirección: Danny Boyle
Guion: John Hodge, Irvine Welsh
Dos décadas después, Mark Renton regresa a Escocia y se reencuentra con sus antiguos compañeros, Sick Boy, Spud y Begbie.
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Uboatsag968 de mayo de 2025
Uboatsag968 de mayo de 2025La banda sonora en constante cambio captura a la perfección el paso del tiempo, convirtiendo la película en un diario retro y psicodélico. ¿Y la toma final? Un diez perfecto.
W
waiver8 de mayo de 2025
waiver8 de mayo de 2025La cinematografía es llamativa, con una edición acelerada, música rock, colores vibrantes y encuadres poco convencionales. Sin embargo, ya no tiene el mismo impacto que antes. El estilo visual del director ya no se siente fresco, como si se le hubieran agotado las ideas creativas. La película parece estar pensada principalmente para evocar nostalgia: después de veinte años, los fans se quedan reflexionando sobre las emociones y los cambios del pasado. En conjunto, el filme se siente como un epílogo de su predecesor.
P
Pierluigi Puccini15 de mayo de 2024
Pierluigi Puccini15 de mayo de 2024-“Eres un turista de tu propia juventud”.
Con esa sentenciosa frase, Simon “Sick Boy” Williamson asume una posición crítica frente a su amigo Mark Renton, a su desaforada nostalgia, a su obsesión por volver al pasado como método expiativo para la traición que preparó y concretó veinte años antes de ese momento. El adusto Sick Boy parece también dirigirse todos los que nos encontramos en aquel momento, como Renton, tratando fútilmente de revivir aquel glorioso pasado de desenfreno y de lujuria por la vida de 1996, sin percatarnos hasta ese momento, de que esta es una historia diferente.
Aquella amarga manifestación sobre el paso del tiempo se cierne sobre mi mente, y se traslada ahora a otras áreas. De repente, me incomoda la butaca del cine, siento dolor en el cuello y la región lumbar, y me asalta un sinsabor tan propio como el de los personajes que estoy viendo en pantalla, aquellos que en la cinta original pasaron a ser hitos de la cultura popular por su temeridad y cinismo adolescente, ufanándose de su rechazo al consumismo y a las convenciones de su época; ahora solo son sombras. Sus cuerpos ya no aguantan el consumo y abuso del lubricante social de su predilección: la heroína; y en su mente, aunque deseen mejorar, entienden que han sido dejados al margen, como un indeseable residuo de la elitización residencial de Edimburgo, y específicamente del suburbio de Leith. No hay más alternativas que las de ingresar en ese aburguesamiento progresivo, o continuar como un grupo de perdedores por los años de vida que les restan.
Si la Trainspotting original escarbaba sin pudor ni reproches moralistas por ese universo pueril, nihilista y pendenciero de las drogas y sus consumidores, viéndose a sí mismos como estrellas de rock cada vez que el skag llegaba a sus venas (no en vano, en su corta pero trascendental estadía en Londres, la pandilla recrea el famoso cruce de la portada de Abbey Road) La nueva cinta no está exenta de momentos álgidos comparables a aquellos, con la diferencia fundamental de que lo que les sigue no es solo la cruda muestra del síndrome de abstinencia y las ganas irrefrenables de seguir consumiendo, sino constantes reflexiones sobre la masculinidad, la paternidad; la huella del tiempo en la amistad, la familia; la importancia de las decisiones que tomaron y ahora han de tomar para sobrevivir en un mundo que ya se olvidó de ellos y de sus ínfulas de voces de su generación. El personaje de Francis Begbie, recordado por su comportamiento irascible, por no decir psicótico, aborda también esta problemática vital cuando en una devastadora secuencia decide disculparse con su esposa e hijo, y pronuncia aquellos: “El mundo cambia, nosotros no.” o “Mi padre era un borracho. Yo soy un payaso. Tú serás un mejor hombre que los dos”.
El corazón de esta tardía secuela se encuentra no solo en el regreso y la redención de Mark Renton (momento clave es aquel nuevo alegato acérbico de “choose life…” a este nuevo siglo de pantallas y redes sociales, donde al final Rent Boy pone al descubierto una pesarosa desilusión hasta entonces oculta), sino en la decisión consciente de Spud Murphy por ser una mejor persona de lo que en realidad podría llegar a ser. Reconociendo en un principio el hecho de que es más probable que acabe con su vida, antes que abandonar su adicción. Pero Spud tiene en más alta estima a su progenie, hallando la forma de enmendar los lazos que poco a poco se han soltando, y convirtiéndose a su vez en el cronista de las azarosas aventuras de sus compinches.
T2 Trainspotting no se convertirá en una estampa generacional como fue su precursora, pero es una emotiva, jocosa, y brutalmente honesta reflexión sobre cuatro personajes que a pesar de sus múltiples demonios, quedaron grabados en las retinas y la psique de un puñado de nosotros, sin importar nacionalidad, raza, o sexo, muchos nos sentimos parte de aquel grupo desadaptado de Escoceses, que matan sus horas y su organismo en un pasatiempo inane.
Para el epilogo, luego de compartir los padecimientos físicos y emocionales de los cuatro nativos de Edimburgo, el sufrimiento de mi cuello y espalda ha cesado, y se dibuja una sonrisa en mi rostro mientras veo a Renton ingresando a su habitación, escogiendo un vinilo, iniciando un baile espasmódico que canaliza a su idolatrado e inmortal Iggy Pop, y cayendo en un eufórico trance no propiciado por la heroína, sino por las notas musicales.
Con esa sentenciosa frase, Simon “Sick Boy” Williamson asume una posición crítica frente a su amigo Mark Renton, a su desaforada nostalgia, a su obsesión por volver al pasado como método expiativo para la traición que preparó y concretó veinte años antes de ese momento. El adusto Sick Boy parece también dirigirse todos los que nos encontramos en aquel momento, como Renton, tratando fútilmente de revivir aquel glorioso pasado de desenfreno y de lujuria por la vida de 1996, sin percatarnos hasta ese momento, de que esta es una historia diferente.
Aquella amarga manifestación sobre el paso del tiempo se cierne sobre mi mente, y se traslada ahora a otras áreas. De repente, me incomoda la butaca del cine, siento dolor en el cuello y la región lumbar, y me asalta un sinsabor tan propio como el de los personajes que estoy viendo en pantalla, aquellos que en la cinta original pasaron a ser hitos de la cultura popular por su temeridad y cinismo adolescente, ufanándose de su rechazo al consumismo y a las convenciones de su época; ahora solo son sombras. Sus cuerpos ya no aguantan el consumo y abuso del lubricante social de su predilección: la heroína; y en su mente, aunque deseen mejorar, entienden que han sido dejados al margen, como un indeseable residuo de la elitización residencial de Edimburgo, y específicamente del suburbio de Leith. No hay más alternativas que las de ingresar en ese aburguesamiento progresivo, o continuar como un grupo de perdedores por los años de vida que les restan.
Si la Trainspotting original escarbaba sin pudor ni reproches moralistas por ese universo pueril, nihilista y pendenciero de las drogas y sus consumidores, viéndose a sí mismos como estrellas de rock cada vez que el skag llegaba a sus venas (no en vano, en su corta pero trascendental estadía en Londres, la pandilla recrea el famoso cruce de la portada de Abbey Road) La nueva cinta no está exenta de momentos álgidos comparables a aquellos, con la diferencia fundamental de que lo que les sigue no es solo la cruda muestra del síndrome de abstinencia y las ganas irrefrenables de seguir consumiendo, sino constantes reflexiones sobre la masculinidad, la paternidad; la huella del tiempo en la amistad, la familia; la importancia de las decisiones que tomaron y ahora han de tomar para sobrevivir en un mundo que ya se olvidó de ellos y de sus ínfulas de voces de su generación. El personaje de Francis Begbie, recordado por su comportamiento irascible, por no decir psicótico, aborda también esta problemática vital cuando en una devastadora secuencia decide disculparse con su esposa e hijo, y pronuncia aquellos: “El mundo cambia, nosotros no.” o “Mi padre era un borracho. Yo soy un payaso. Tú serás un mejor hombre que los dos”.
El corazón de esta tardía secuela se encuentra no solo en el regreso y la redención de Mark Renton (momento clave es aquel nuevo alegato acérbico de “choose life…” a este nuevo siglo de pantallas y redes sociales, donde al final Rent Boy pone al descubierto una pesarosa desilusión hasta entonces oculta), sino en la decisión consciente de Spud Murphy por ser una mejor persona de lo que en realidad podría llegar a ser. Reconociendo en un principio el hecho de que es más probable que acabe con su vida, antes que abandonar su adicción. Pero Spud tiene en más alta estima a su progenie, hallando la forma de enmendar los lazos que poco a poco se han soltando, y convirtiéndose a su vez en el cronista de las azarosas aventuras de sus compinches.
T2 Trainspotting no se convertirá en una estampa generacional como fue su precursora, pero es una emotiva, jocosa, y brutalmente honesta reflexión sobre cuatro personajes que a pesar de sus múltiples demonios, quedaron grabados en las retinas y la psique de un puñado de nosotros, sin importar nacionalidad, raza, o sexo, muchos nos sentimos parte de aquel grupo desadaptado de Escoceses, que matan sus horas y su organismo en un pasatiempo inane.
Para el epilogo, luego de compartir los padecimientos físicos y emocionales de los cuatro nativos de Edimburgo, el sufrimiento de mi cuello y espalda ha cesado, y se dibuja una sonrisa en mi rostro mientras veo a Renton ingresando a su habitación, escogiendo un vinilo, iniciando un baile espasmódico que canaliza a su idolatrado e inmortal Iggy Pop, y cayendo en un eufórico trance no propiciado por la heroína, sino por las notas musicales.
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Pineapple_sa16 de junio de 2025
Pineapple_sa16 de junio de 2025A trilha sonora em constante mudança captura perfeitamente o reflexo da passagem do tempo, transformando o filme em um diário retrô e psicodélico. E a cena final? É um perfeito 10.
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Mago do Filme16 de junio de 2025
Mago do Filme16 de junio de 2025A cinematografia é chamativa, com edição em ritmo acelerado, música rock, cores vibrantes e enquadramentos não convencionais. No entanto, o filme não tem o mesmo impacto do anterior. O estilo visual do diretor não parece mais novo, quase como se ele tivesse ficado sem ideias criativas. O filme parece ter como objetivo principal evocar a nostalgia — depois de vinte anos, os fãs são levados a refletir sobre as emoções e as mudanças do passado. No geral, o filme parece um epílogo de seu antecessor.
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Timeae4U14 de abril de 2025
Timeae4U14 de abril de 2025The ever-changing soundtrack perfectly captures the reflection of time passing, turning the film into a retro, psychedelic journal. And the final shot? It's a perfect 10.
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tinaShay14 de abril de 2025
tinaShay14 de abril de 2025The cinematography is flashy, with fast-paced editing, rock music, vibrant colors, and unconventional framing. However, it doesn't pack the same punch it once did. The director's visual style no longer feels fresh, almost as if he's run out of creative ideas. The movie seems primarily aimed at evoking nostalgia—after twenty years, fans are left reflecting on the emotions and changes of the past. Overall, the film feels like an epilogue to its predecessor.
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FilmX519 de enero de 2023
FilmX519 de enero de 2023Trainspotting 2
It's amazing to see this movie in Edinburgh as if you're going to bump into them at the next street corner.



























