
Zama (2017)★ 7.0/10
- Drama
- Historia
Dirección: Lucrecia Martel
Guion: Antonio Di Benedetto, Lucrecia Martel
Derivada de la novela de Antonio Di Benedetto de 1956, la narración se centra en Don Diego de Zama, un oficial español del siglo XVII destinado en una colonia de Paraguay, que espera ansioso su traslado a Buenos Aires.
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Reseñas
D
David Guzmán Quintero24 de diciembre de 2024
David Guzmán Quintero24 de diciembre de 2024Zama llega en 2017, diez años después del estreno de la última película de Lucrecia Martel, La mujer sin cabeza, la cuál cerraba la que se conoce ahora como ‘La trilogía de Salta’, de donde es originaria Martel, dejando así una expectativa abierta sobre qué podríamos esperar de una autora con una mirada tan disruptiva y transgresora. Martel ha sido un aporte increíble para la cinematografía en general. Con sólo cuatro largometrajes de ficción, desde su ópera prima, La ciénaga (2001), dio indicios de su impresionante y reformadora capacidad para narrar. Su última película, Zama, es la primera película de Martel rodada en digital y con un hombre como personaje principal, y es de esas películas que hay que ver a cuatro ojos y diez oídos. Es impactante la forma en que combina géneros y estilos en un solo relato, la forma en la que migra de uno a otro sin mayor dificultad.
El español Daniel Giménez Gacho interpreta al funcionario Diego de Zama en el último periodo colonial en Argentina. Un personaje que, por el plano con el que abre la película, estoy seguro, en su cabeza se imagina como un heróico Simón Bolívar: desde la playa, viendo el horizonte, Diego de Zama asume una pose erguida, sacando pecho a lo palomo, con su vestuario de época y espada envainada. Pose que se va desdibujando a lo largo del argumento. Diego de Zama es un estúpido: no puede conquistar a la mujer de sus sueños —que la resulta conquistando su servil de un momento a otro—, es una ficha más dentro de la corona, manipulándolo así todo el relato a cambio de una falsa esperanza de volver a España.
Durante gran parte de la película, mediante un absurdo similar al de Beckett, se nos presenta a un Diego de Zama que insiste al Gobernador que envíe una carta al Rey de España para que se le dé traslado a Lerma. A la par, descubrimos a la mujer que pretende, a su asistente —que tiene más éxito que Zama en todo sentido—, a la indígena con la que tiene un hijo bastardo y, sobre todo, las tareas que le pone el Gobierno para condicionar a Zama y mandar la carta.
En la última parte, damos un salto elíptico limpiamente logrado, en la que Zama se va con un grupo a dar casa a Vicuña Porto (Matheus Nachtergaele), un peligroso bandido. En el camino, en una jungla que satisface visual, sonora y argumentalmente al espectador, los indígenas dan caza al grupo de Zama. Cuando él y Fernández (Nahuel Cano) son los únicos en salir con vida, caen en las manos de Vicuña Porto, quien asesina a Fernández y corta los brazos de Zama.
Sin embargo, sucede algo muy particular con Zama vista desde toda la filmografía de Lucrecia Martel. Si bien tiene un tratamiento a lo Martel: con ambientes sonoros exquisitamente elaborados, sonidos extradiegéticos que irrumpen en el naturalismo imperante en el cine latinoamericano, Etc. También es cierto que es el guion más clásico de Martel. Es la única película —y más vista desde su último trabajo— donde se dibuja una estructura en tres actos, un conflicto y unas estrategias. Opuesto a La mujer sin cabeza, donde se desdibuja por completo esta narrativa tradicional.
Quisiera reiterar pues los sonidos eléctricos en la banda sonora extradiegética, junto a una guitarra para sumergir al espectador en el relato de una forma absoluta. De igual manera, no se inhibe para usar la comedia y burlarse de Zama, con los esclavos negros y con una llama que sonríe sínicamente detrás de Zama una de las tantas veces en la que se dilata su carta.
Por último, un gran aporte de Zama para el cine —sobre todo latinoamericano—, es que rompe con la representación masculina colonial que ha sido introducido en el imaginario de las sociedades por la televisión: El Coronel, el macho. Martel, refuta y duda profundamente de que esto haya sido así. En Zama los hombres son bastante afeminados, se pintan las uñas, tienen las pestañas encrespadas.
Zama es una obra de arte postdramática que posee una visión crítica importante sobre la corona española en su paso por Argentina. Valdría la pena preguntarse porqué si Zama, a mi modo de ver, es una de las mejores películas del siglo hasta ahora, no llamó la atención en cuanto a galardones. Muchos críticos y espectadores han coincidido en la misma apreciación, sin embargo, Zama poco fue mencionada por Academias y Festivales —sobre todo europeos—, incluso fue elegida por Argentina para representar a este país en los Premios Oscar y no fue nominada. Según el crítico Glenn Kenny, esto puede deberse a que a los europeos y estadounidenses —quienes siempre se han peleado por las mejores narrativas— les cuesta aceptar que una película tan fresca como Zama pertenezca a un sector descentralizado del ámbito cinematográfico: Argentina, Latinoamérica. Les cuesta pensar que esta película nació en Lucrecia Martel y no en Hollywood.
El español Daniel Giménez Gacho interpreta al funcionario Diego de Zama en el último periodo colonial en Argentina. Un personaje que, por el plano con el que abre la película, estoy seguro, en su cabeza se imagina como un heróico Simón Bolívar: desde la playa, viendo el horizonte, Diego de Zama asume una pose erguida, sacando pecho a lo palomo, con su vestuario de época y espada envainada. Pose que se va desdibujando a lo largo del argumento. Diego de Zama es un estúpido: no puede conquistar a la mujer de sus sueños —que la resulta conquistando su servil de un momento a otro—, es una ficha más dentro de la corona, manipulándolo así todo el relato a cambio de una falsa esperanza de volver a España.
Durante gran parte de la película, mediante un absurdo similar al de Beckett, se nos presenta a un Diego de Zama que insiste al Gobernador que envíe una carta al Rey de España para que se le dé traslado a Lerma. A la par, descubrimos a la mujer que pretende, a su asistente —que tiene más éxito que Zama en todo sentido—, a la indígena con la que tiene un hijo bastardo y, sobre todo, las tareas que le pone el Gobierno para condicionar a Zama y mandar la carta.
En la última parte, damos un salto elíptico limpiamente logrado, en la que Zama se va con un grupo a dar casa a Vicuña Porto (Matheus Nachtergaele), un peligroso bandido. En el camino, en una jungla que satisface visual, sonora y argumentalmente al espectador, los indígenas dan caza al grupo de Zama. Cuando él y Fernández (Nahuel Cano) son los únicos en salir con vida, caen en las manos de Vicuña Porto, quien asesina a Fernández y corta los brazos de Zama.
Sin embargo, sucede algo muy particular con Zama vista desde toda la filmografía de Lucrecia Martel. Si bien tiene un tratamiento a lo Martel: con ambientes sonoros exquisitamente elaborados, sonidos extradiegéticos que irrumpen en el naturalismo imperante en el cine latinoamericano, Etc. También es cierto que es el guion más clásico de Martel. Es la única película —y más vista desde su último trabajo— donde se dibuja una estructura en tres actos, un conflicto y unas estrategias. Opuesto a La mujer sin cabeza, donde se desdibuja por completo esta narrativa tradicional.
Quisiera reiterar pues los sonidos eléctricos en la banda sonora extradiegética, junto a una guitarra para sumergir al espectador en el relato de una forma absoluta. De igual manera, no se inhibe para usar la comedia y burlarse de Zama, con los esclavos negros y con una llama que sonríe sínicamente detrás de Zama una de las tantas veces en la que se dilata su carta.
Por último, un gran aporte de Zama para el cine —sobre todo latinoamericano—, es que rompe con la representación masculina colonial que ha sido introducido en el imaginario de las sociedades por la televisión: El Coronel, el macho. Martel, refuta y duda profundamente de que esto haya sido así. En Zama los hombres son bastante afeminados, se pintan las uñas, tienen las pestañas encrespadas.
Zama es una obra de arte postdramática que posee una visión crítica importante sobre la corona española en su paso por Argentina. Valdría la pena preguntarse porqué si Zama, a mi modo de ver, es una de las mejores películas del siglo hasta ahora, no llamó la atención en cuanto a galardones. Muchos críticos y espectadores han coincidido en la misma apreciación, sin embargo, Zama poco fue mencionada por Academias y Festivales —sobre todo europeos—, incluso fue elegida por Argentina para representar a este país en los Premios Oscar y no fue nominada. Según el crítico Glenn Kenny, esto puede deberse a que a los europeos y estadounidenses —quienes siempre se han peleado por las mejores narrativas— les cuesta aceptar que una película tan fresca como Zama pertenezca a un sector descentralizado del ámbito cinematográfico: Argentina, Latinoamérica. Les cuesta pensar que esta película nació en Lucrecia Martel y no en Hollywood.
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Oscar-d12 de septiembre de 2024
Oscar-d12 de septiembre de 2024La historia ocurre en la época de la esclavitud en Latinoamérica. La cinematografía se parece al periodo de pinturas de óleo, pero la directora no recreó la historia. En su lugar, ella incorporó la absurdidad, vinculando el destino del protagonista con lugares exóticos, espectáculos e historia. La música, el maquillaje y los atuendos fantasiosos hacen que la película sea más dramática. Me atrajeron los fotogramas, pero debido a mi limitado conocimiento, no podía ver nada más allá de la tragedia de anhelar, pero no poder volver a la civilización mientras se vive en medio de los salvajes.
L
LUIZ189912 de septiembre de 2024
LUIZ189912 de septiembre de 2024En comparación a otros directores del mismo periodo de tiempo que buscan innovación estética y estilística, las directoras como Lucrecia Martel lograron más. Incluso si reconoces todas las técnicas cinematográficas en sus películas, te seguirías sintiendo perplejo a primera vista ya que ella quitó casi completamente la función narrativa y nos dejó, como a los protagonistas, perdidos en la historia y sin poder ver el camino delante claramente, lo que simplemente nos obliga a fluir con la vida.
L
LucianoAvila1 de agosto de 2024
LucianoAvila1 de agosto de 2024Como soy un tarado, en vez de ir al cine que proyectaba The Urgency of Death, fui al que proyectaba Zama, pero como la del Bafici era copada, me ofreció pasar igual.
Y así accidentalmente Zama se convirtió en la película que más veces vi en cine (3)
Y así accidentalmente Zama se convirtió en la película que más veces vi en cine (3)
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Joanne Reid12 de septiembre de 2024
Joanne Reid12 de septiembre de 2024A história se passa na era da escravidão na América Latina. A cinematografia lembra pinturas a óleo de época, mas a diretora não está recriando a história. Em vez disso, ela incorpora o absurdo, vinculando o destino do protagonista a lugares e espetáculos exóticos, bem como ao cenário histórico. A música extravagante, a maquiagem e os figurinos tornam o filme ainda mais dramático. Fui atraído pelas fotos, mas devido ao meu conhecimento limitado, não consegui ver nada mais profundo do que a tragédia de desejar, mas ser incapaz de retornar à civilização enquanto vivia entre os selvagens.
L
Luís-Mário12 de septiembre de 2024
Luís-Mário12 de septiembre de 2024Em comparação com outros do mesmo período que buscavam inovação estética e estilística, diretores como Lucrecia Martel conseguiram mais. Mesmo que você reconhecesse todas as técnicas cinematográficas de seus filmes, ainda ficaria perplexo à primeira vista, pois ela despojou quase inteiramente a função narrativa, deixando você - como seus protagonistas - perdido na história e incapaz de ver o caminho claramente, sendo forçado a seguir o fluxo da vida.
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SM199918 de enero de 2024
SM199918 de enero de 2024Although it departs from Martel's usual stories, it still captures her dazzling touch. It is dreamlike and mysterious, a symphony of anticipation and a study of failure. As always, she demonstrates her remarkable innovation in sound aesthetics.
J
Juanfish22 de noviembre de 2023
Juanfish22 de noviembre de 2023The story is set in the era of slavery in Latin America. The cinematography resembles period oil paintings, but the director isn't recreating history. Instead, she incorporated absurdity, tying the protagonist's fate with exotic places and spectacles as well as the historical backdrop. The whimsical music, makeup and costumes make the film even more dramatic. I was drawn in by the stills, but due to my limited knowledge, I couldn't see anything deeper than the tragedy of yearning to but being unable to return to civilization while living amidst the savages.
P
P3atrícia22 de noviembre de 2023
P3atrícia22 de noviembre de 2023Compared to other directors from the same period seeking aesthetical and stylistic innovation, directors like Lucrecia Martel have achieved more. Even if you recognized all the filmmaking techniques in her films, you'd still feel perplexed at first glance, for she has stripped away the narrative function almost entirely, leaving you - like her protagonists - lost in history and unable to see the path forward clearly, merely being forced to go with the flow of life.
































