¡We are the Warriors!

General Reviews

Me imagino que nos pasa a todos, pero cuando me preguntan: cual es mi película o género cinematográfico favorito, me meten en problemas. Me cuesta tanto igual que elegir algo en Netflix y eso ya es mucho decir.

 

No obstante, hay una película que merece mención obligada es: The Warriors, de Walter Hill, estrenada en 1979, catorce años después de la publicación de la novela homónima de Sol Yurick. 

 

 

Pareciera que esos catorce años hubieran servido para sanar la indigestión convulsa de la decada de los sesenta en el mundo y que estuvieron marcados por la efervescencia estudiantil y la protesta social.

En el film, la protesta está en el soundtrack compuesto principalmente por Barry De Vorzon, combinado sintetizadores con las guitarras del rock, algo innovador para la época y que marcó la estética sonora del film. La música, como The Warriors en su estética, es el latido de lo marginal. Sirve como mapa para quienes caminan entre la noche.

 

La mitología en The Warriors

 

Cabe señalar que, tanto novela y film, están basados en la Anábasis de Jenofonte, transformando la antigua epopeya griega en mitología urbana. En la obra original, diez mil soldados griegos —atrapados y sin líderes ni aliados— deben cruzar miles de kilómetros de territorio hostil para regresar a casa. Jenofonte, elegido como comandante, guía esta travesía. En la película, ese ejército se reduce a nueve miembros de una pandilla que atraviesan la jungla neoyorquina para volver a Coney Island. 

 

 

La fuerza femenina, es representada por el personaje de Mercy, interpretado por Deborah Van Valkenburgh, encarna la resistencia silenciosa del marginado dentro del marginado: la mujer en un universo de hombres. Su relación con Swan no es una historia de amor convencional, sino un pacto de reconocimiento mutuo entre dos seres que entienden que el hogar no siempre es un lugar, sino una mirada que no juzga.

Por algo tanto luchamos por regresar a esta mierda ¡Bueno, al final es nuestra mierda!

 

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