Perdedoras del siglo XXI
Reseñas generalesEn las ficciones estadounidenses la sociedad suele dividirse entre ganadores y perdedores, por lo que es usual escuchar la expresión “loser” para retratar ciertos personajes. El gesto con los dedos en la frente formando una L, es mostrada sobre todo en contextos de bullying, común en las películas de adolescentes.
Lo que ocurre ya después de la escuela o la universidad, es que es ganador sólo el que tiene éxito económico, un cargo de poder y se casa antes de los 30. Por eso la loser de las comedias románticas es la amiga que no ha podido agarrar marido.
En La boda de mi mejor amigo de 1998, el personaje de Julia Roberts a los 28 años ya tenía una carrera exitosa y se suponía que esta sería su edad límite para casarse, por lo que había pactado un compromiso varios años antes con su mejor amigo. En cambio, en las películas del siglo XXI, post crisis económica de 2007, con la tasa de natalidad en caída en todo el mundo, lo normal es que una mujer de casi 30 años, no sólo no se plantee el matrimonio y los hijos, sino que no tenga claro el oficio con el que se va a sostenerse económicamente.

Esta nueva generación de mujeres se encuentra en los protagónicos de Greta Gerwig que ocurren en Nueva York como Frances Ha (2013)) y Mistress America (2015), la serie Girls (2012-2017); o en la última película de la trilogía de Oslo, La peor persona del mundo (2021). Mujeres de países ricos y buena calidad de vida (Noruega tiene la más alta del mundo), que no sólo no tienen carreras definidas, sino que no están aún dispuestas a comprometerse con un hombre para siempre.
Tanto Julie en LPPDM como Frances Ha, cambian sus planes constantemente, cometen errores, tienen pocos aciertos, se cuestionan sus decisiones y su final no es un “triunfo”. No les ocurre como a Tom Cruise en Jerry McGuire o al personaje de Will Smith de En búsqueda de la felicidad, que después de estar perdiendo sobre todo dinero en casi toda la historia, al final logran entender el sentido de las cosas, pero sobre todo ganar, o sea tener éxito económico.
Ser la peor persona del mundo
Julie cambia de carrera varias veces y deja a su novio amable y estable por un desconocido. Frances ve a su mejor amiga comprometerse con su novio rico y tener un buen trabajo, mientras ella no quiere establecerse con ningún hombre, no tiene un trabajo formal y cambia su lugar de residencia con frecuencia, pero hace cosas extremas como endeudarse para ir dos días a París.
En el tránsito de las generaciones millenial y z, el contexto socio-cultural y la crisis económica, las obligan cada vez menos a tomar decisiones de vida drásticas. La expectativa de vida al nacer es cercana a los 80 años y no tendrían por qué tenerlo todo resuelto antes de los 40.

Julie y Frances son perdedoras si se comparan con los demás personajes. Pero a pesar de ser indecisas e inmaduras, tienen algunos valores definidos, como no quedarse con una pareja sólo por no estar solas y tienen claro que quieren encontrar un trabajo que realmente las satisfaga, definiendo alguna vocación.
Hay un momento icónico en Frances Ha que fue viral en redes sociales, en el que se encuentra en una reunión y explica lo que entiende por reconocer a “tu persona” cuando lo ves en una fiesta rodeado de otros, viéndolo a los ojos, pero aclarando a que no se refiere a que sea “tuya” como posesión.

Y aunque La peor persona del mundo tuvo excelentes críticas y se ha convertido en poco tiempo en una película de culto, las formas tradicionales de interpretar a los personajes de ficción se reflejan en la crítica que hizo el reconocido Richard Brody en The New Yorker, cuestionando que Julie no haya tenido un desarrollo, que haya resultado “vague”.
Perder también ha sido sinónimo de retroceder
Regresar a la casa de los padres o al lugar en el que se vivió cuando eras más joven es de perdedores. Frances viaja a donde su familia en alguno de los giros decadentes de su vida y de regreso a Nueva York se va a vivir a la residencia estudiantil de su universidad de la que ya egresó.
Pedir ayuda económica a los padres boomers, que fueron la generación más próspera de EEUU o volver a vivir con ellos, se ha vuelto usual en las ficciones de egresados universitarios. Las deudas estudiantiles, el subempleo y el menor interés en casarse jóvenes, están creando millones de personas perdedoras según los parámetros de finales del siglo XX. Nadie habría esperado en la secuela de Gilmore Girls, ver a una Rory de más de 30 años, sin trabajo, de “visita” en casa de su mamá, en una confusión amorosa (con novio al que no quiere, pero viendo al ex comprometido), después de ser la adolescente brillante y prometedora que terminó estudiando en Yale.
¿Mujeres independientes?
En Mistress América, Gerwig busca el soporte económico de los hombres aprovechando su belleza y carisma. Por su parte Julie de LPPDM, tiene el cobijo y soporte de su novio mayor (ya había salido con un profesor en uno de sus primeros intentos de carrera universitaria), pero a la larga ninguna de ellas espera que ese sea su futuro. No hay ansiedad de anillos de compromiso ni angustia por la llegada de los 30 y el movimiento del reloj biológico.
Las neoyorkinas treintañeras no tienen hoy las mismas posibilidades de vivir como los personajes de Sex and the city o Friends, y sus metas son diferentes. Las comedias románticas escasean en las carteleras de cine y difícilmente pueden reaparecer con treintañeras del primer mundo obsesionadas por casarse.
Los indicadores de quién gana y quién pierde cambian con las épocas.




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