
A Widow's Game (2025)★ 6.2/10
- Crime
- Drama
- Mystery
Directed by: Carlos Sedes
Written by: Ramón Campos, Gema R. Neira, Jon de la Cuesta, Ricardo Jornet, David Orea
A Valencia murder case exposes a widow with chilling secrets.
Articles about this

‘A Widow’s Game’: How Terrible a Spanish Man-Eater Can Be
S

seamouseJune 14, 2025
0
Encuentro con una sociedad secreta: La Puerta
T

Tuesday93May 3, 2026
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La viuda santa y una nueva entrega de true crime sobre El Crimen de Patraix
F

F.June 27, 2025
1
O Jogo da Viúva: quão terrível uma devoradora de homens espanhola consegue ser
R

rato marinhoJune 21, 2025
0
La viuda negra: ¿qué tan terrible puede ser una devoradora de hombres española?
M

MarratonJune 21, 2025
0Cast & crew
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L
Lee_TillmanJuly 4, 2025
Lee_TillmanJuly 4, 2025The investigation relies almost entirely on eavesdropping, which quickly becomes tedious. Just because it’s based on true events doesn’t mean the screenplay should stop trying — this is a feature film, not a documentary.
B
Boris_MejiaJuly 1, 2025
Boris_MejiaJuly 1, 2025Though light on suspense due to its real-life roots, the film grips with its unsettling portrait of a woman who hides manipulative brilliance beneath a fragile, sympathetic appearance. Her ability to elicit pity while subtly controlling everyone around her is chilling. Strong performances across the board and tightly paced storytelling make this Spanish social thriller well worth watching.
J
Jorge A. GranadosOctober 3, 2025
Jorge A. GranadosOctober 3, 2025Contains spoilers
El Veneno que Corre por las Venas: Una Viuda que te Enreda y te Ahoga en su Telaraña
Acabo de apagar la luz de la sala y sigo sintiendo el cosquilleo en la nuca, como si una araña invisible me hubiera tejido un sudario invisible sobre la piel. La viuda negra (2025), dirigida por Gareth Evans —el cabrón galés que nos regaló The Raid y su secuela, donde las patadas vuelan como balas y el sudor es el verdadero protagonista—, no es un thriller de espías reciclado. Es una sinfonía de traiciones que late como un corazón envenenado, un retrato crudo de la mujer que devora para sobrevivir en un mundo que la obliga a morder primero. Inspirada en las sombras de las operaciones encubiertas de la Guerra Fría, pero con un twist que huele a ciberespionaje actual, esta cinta te inyecta adrenalina pura y te deja preguntándote si el verdadero monstruo no eres tú, el que mira desde la butaca.
Ponte en situación: la noche de Berlín oriental, con ese frío que se cuela por los huesos como humo de cigarrillo barato, farolas parpadeando como ojos moribundos en un callejón que apesta a cerveza rancia y promesas rotas. Scarlett Johansson regresa como Natasha Romanoff, pero no la viuda de armadura roja que conoces; esta es una versión desollada, una agente renegada que ha pasado quince años tejiendo redes en la dark web, vendiendo secretos como si fueran orgasmos fugaces. No es invencible; es letal porque sangra, porque cada moretón en su piel pálida cuenta una historia de amantes usados y descartados, de misiones que le robaron pedazos del alma. La acompaña Florence Pugh como Yelena, su "hermana" de sangre falsa, con esa ferocidad de loba herida que Pugh clava como un cuchillo: diálogos que escupen veneno dulce, "Hermana, el mundo no te debe nada; solo te cobra con intereses". Y luego está David Harbour, como el handler ruso que apesta a vodka y arrepentimiento, un oso grizzly con ojos de cachorro perdido, robando escenas con su mezcla de brutalidad y patetismo.
Evans filma esto como un sueño febril: cámara en mano que baila con los puños en peleas cuerpo a cuerpo donde sientes el impacto en las costillas —crujidos de hueso, el slap de carne contra carne, el jadeo ahogado que te acelera el pulso—. Hay una secuencia en un club subterráneo de Sofia, luces estroboscópicas cortando la oscuridad como navajas, el bajo retumbando en tu pecho mientras Natasha se mueve como humo letal, seduciendo a un objetivo con una sonrisa que promete éxtasis y entrega muerte en el beso. Es sensorial hasta el vértigo: el sabor metálico de la sangre en la lengua, el picor del sudor ácido bajo la gabardina, el zumbido de drones invisibles que te hace mirar por encima del hombro al salir del cine. Dinámicamente, es un latigazo: arranca con un prólogo en blanco y negro que te clava el pasado como una aguja hipodérmica, explota en persecuciones por autopistas nevadas donde los neumáticos chillan como almas en pena, y se enreda en momentos de quietud asfixiante, confesiones susurradas en moteles que huelen a moho y mentiras.
Analíticamente, lo que hace Evans —y la guionista Nicole Perlman— es destripar el mito de la femme fatale con bisturí quirúrgico: Natasha no es villana ni víctima; es el síntoma de un patriarcado que arma a las mujeres como bombas de relojería y luego las culpa por explotar. Provocativo hasta el escándalo, la película escupe en la cara del #MeToo tardío: ¿y si la venganza no libera, sino que encadena? ¿Si el feminismo radical es solo otra telaraña para atrapar moscas? Johansson, en su despedida definitiva del personaje, no "actúa" el dolor; lo exhala, con ojos que brillan como vidrios rotos bajo la lluvia, recordándonos por qué la amamos y la tememos. Pugh es el fuego complementario, una chispa que incendia el guion con réplicas que cortan como alambre de púas: "Los hombres nos quieren muertas o de rodillas; yo elijo arrodillarme para romperles el cuello". Harbour, bendito sea, añade la capa humana que evita el didactismo: su arco es un lamento por los monstruos que creamos en nombre de la patria.
Personalmente, esta cinta me revolvió como un mal trago de absenta en una noche de insomnio en Praga, donde pasé un verano persiguiendo fantasmas de la Stasi en bares que aún susurran en ruso. Vi La viuda negra en un multiplex abarrotado de Madrid, con el aire cargado de palomitas y expectación, y al final, el silencio fue un velo; la gente se levantó despacio, como si moverse rápido pudiera romper el hechizo —o la ilusión de que no somos todos viudas de algo—. Me golpeó en el pecho porque mi madre, viuda real a los 42, tejía su propia red de supervivencia con uñas y dientes, sin superpoderes, solo con esa rabia callada que Johansson canaliza como un río subterráneo. Es apasionada en su defensa de la complejidad femenina —original al fusionar espionaje retro con hacks cuánticos que cuestionan nuestra era digital—, honesta en su rechazo a los finales felices prefabricados, y provocativa.
Acabo de apagar la luz de la sala y sigo sintiendo el cosquilleo en la nuca, como si una araña invisible me hubiera tejido un sudario invisible sobre la piel. La viuda negra (2025), dirigida por Gareth Evans —el cabrón galés que nos regaló The Raid y su secuela, donde las patadas vuelan como balas y el sudor es el verdadero protagonista—, no es un thriller de espías reciclado. Es una sinfonía de traiciones que late como un corazón envenenado, un retrato crudo de la mujer que devora para sobrevivir en un mundo que la obliga a morder primero. Inspirada en las sombras de las operaciones encubiertas de la Guerra Fría, pero con un twist que huele a ciberespionaje actual, esta cinta te inyecta adrenalina pura y te deja preguntándote si el verdadero monstruo no eres tú, el que mira desde la butaca.
Ponte en situación: la noche de Berlín oriental, con ese frío que se cuela por los huesos como humo de cigarrillo barato, farolas parpadeando como ojos moribundos en un callejón que apesta a cerveza rancia y promesas rotas. Scarlett Johansson regresa como Natasha Romanoff, pero no la viuda de armadura roja que conoces; esta es una versión desollada, una agente renegada que ha pasado quince años tejiendo redes en la dark web, vendiendo secretos como si fueran orgasmos fugaces. No es invencible; es letal porque sangra, porque cada moretón en su piel pálida cuenta una historia de amantes usados y descartados, de misiones que le robaron pedazos del alma. La acompaña Florence Pugh como Yelena, su "hermana" de sangre falsa, con esa ferocidad de loba herida que Pugh clava como un cuchillo: diálogos que escupen veneno dulce, "Hermana, el mundo no te debe nada; solo te cobra con intereses". Y luego está David Harbour, como el handler ruso que apesta a vodka y arrepentimiento, un oso grizzly con ojos de cachorro perdido, robando escenas con su mezcla de brutalidad y patetismo.
Evans filma esto como un sueño febril: cámara en mano que baila con los puños en peleas cuerpo a cuerpo donde sientes el impacto en las costillas —crujidos de hueso, el slap de carne contra carne, el jadeo ahogado que te acelera el pulso—. Hay una secuencia en un club subterráneo de Sofia, luces estroboscópicas cortando la oscuridad como navajas, el bajo retumbando en tu pecho mientras Natasha se mueve como humo letal, seduciendo a un objetivo con una sonrisa que promete éxtasis y entrega muerte en el beso. Es sensorial hasta el vértigo: el sabor metálico de la sangre en la lengua, el picor del sudor ácido bajo la gabardina, el zumbido de drones invisibles que te hace mirar por encima del hombro al salir del cine. Dinámicamente, es un latigazo: arranca con un prólogo en blanco y negro que te clava el pasado como una aguja hipodérmica, explota en persecuciones por autopistas nevadas donde los neumáticos chillan como almas en pena, y se enreda en momentos de quietud asfixiante, confesiones susurradas en moteles que huelen a moho y mentiras.
Analíticamente, lo que hace Evans —y la guionista Nicole Perlman— es destripar el mito de la femme fatale con bisturí quirúrgico: Natasha no es villana ni víctima; es el síntoma de un patriarcado que arma a las mujeres como bombas de relojería y luego las culpa por explotar. Provocativo hasta el escándalo, la película escupe en la cara del #MeToo tardío: ¿y si la venganza no libera, sino que encadena? ¿Si el feminismo radical es solo otra telaraña para atrapar moscas? Johansson, en su despedida definitiva del personaje, no "actúa" el dolor; lo exhala, con ojos que brillan como vidrios rotos bajo la lluvia, recordándonos por qué la amamos y la tememos. Pugh es el fuego complementario, una chispa que incendia el guion con réplicas que cortan como alambre de púas: "Los hombres nos quieren muertas o de rodillas; yo elijo arrodillarme para romperles el cuello". Harbour, bendito sea, añade la capa humana que evita el didactismo: su arco es un lamento por los monstruos que creamos en nombre de la patria.
Personalmente, esta cinta me revolvió como un mal trago de absenta en una noche de insomnio en Praga, donde pasé un verano persiguiendo fantasmas de la Stasi en bares que aún susurran en ruso. Vi La viuda negra en un multiplex abarrotado de Madrid, con el aire cargado de palomitas y expectación, y al final, el silencio fue un velo; la gente se levantó despacio, como si moverse rápido pudiera romper el hechizo —o la ilusión de que no somos todos viudas de algo—. Me golpeó en el pecho porque mi madre, viuda real a los 42, tejía su propia red de supervivencia con uñas y dientes, sin superpoderes, solo con esa rabia callada que Johansson canaliza como un río subterráneo. Es apasionada en su defensa de la complejidad femenina —original al fusionar espionaje retro con hacks cuánticos que cuestionan nuestra era digital—, honesta en su rechazo a los finales felices prefabricados, y provocativa.
E
Esteban EordoghSeptember 26, 2025
Esteban EordoghSeptember 26, 2025Reseña de la película 'La Viuda Negra' (2025)
¡Vaya, qué película! Salí del cine con una sensación que me ha costado procesar. "La Viuda Negra", la versión de 2025, no es la película de acción que esperaba. Es algo mucho más... íntimo. Es de esas cintas que te tocan una fibra y te hacen pensar en tu propia vida, en las decisiones que has tomado, en las que te han obligado a tomar.
Esta película es un retrato crudo, casi doloroso, de una mujer que ha vivido una vida que no eligió. Desde el primer minuto, la actuación de la protagonista es una bofetada de realidad. Olvídate de los superhéroes de siempre; aquí no hay poses heroicas ni diálogos grandilocuentes. Hay miradas, hay silencios, hay la fatiga de alguien que ha cargado con un peso demasiado grande durante demasiado tiempo.
Lo que más me conmovió fue la forma en que exploran su pasado. No lo hacen con flashbacks épicos, sino con pequeños detalles: una cicatriz, un gesto automático para protegerse, la forma en que sus ojos se nublan cuando recuerda algo. Es un viaje emocional, una especie de duelo tardío por la persona que pudo haber sido.
Y el final... el final es lo que me dejó sin aliento. No es un final feliz, no es un final trágico. Es un final real. Es el final de una historia, pero el comienzo de una nueva etapa. Es la aceptación de que el pasado no se borra, pero se puede aprender a vivir con él.
No es una película para todo el mundo. Si buscas pura acción y entretenimiento, puede que te decepcione. Pero si buscas una historia que te haga sentir, que te recuerde la complejidad de la vida humana y la fuerza de la resiliencia, esta es tu película.
Valoración: 💫💫💫💫 (Cuatro de cinco estrellas. No le doy cinco porque, a pesar de su belleza, la sensación al salir del cine es de una tristeza abrumadora que tarda en irse).
¡Vaya, qué película! Salí del cine con una sensación que me ha costado procesar. "La Viuda Negra", la versión de 2025, no es la película de acción que esperaba. Es algo mucho más... íntimo. Es de esas cintas que te tocan una fibra y te hacen pensar en tu propia vida, en las decisiones que has tomado, en las que te han obligado a tomar.
Esta película es un retrato crudo, casi doloroso, de una mujer que ha vivido una vida que no eligió. Desde el primer minuto, la actuación de la protagonista es una bofetada de realidad. Olvídate de los superhéroes de siempre; aquí no hay poses heroicas ni diálogos grandilocuentes. Hay miradas, hay silencios, hay la fatiga de alguien que ha cargado con un peso demasiado grande durante demasiado tiempo.
Lo que más me conmovió fue la forma en que exploran su pasado. No lo hacen con flashbacks épicos, sino con pequeños detalles: una cicatriz, un gesto automático para protegerse, la forma en que sus ojos se nublan cuando recuerda algo. Es un viaje emocional, una especie de duelo tardío por la persona que pudo haber sido.
Y el final... el final es lo que me dejó sin aliento. No es un final feliz, no es un final trágico. Es un final real. Es el final de una historia, pero el comienzo de una nueva etapa. Es la aceptación de que el pasado no se borra, pero se puede aprender a vivir con él.
No es una película para todo el mundo. Si buscas pura acción y entretenimiento, puede que te decepcione. Pero si buscas una historia que te haga sentir, que te recuerde la complejidad de la vida humana y la fuerza de la resiliencia, esta es tu película.
Valoración: 💫💫💫💫 (Cuatro de cinco estrellas. No le doy cinco porque, a pesar de su belleza, la sensación al salir del cine es de una tristeza abrumadora que tarda en irse).
J
Jose gregario uzSeptember 21, 2025
Jose gregario uzSeptember 21, 2025Contains spoilers
Una de las mejores películas que he visto
G
Gerald_JohnsonJuly 10, 2025
Gerald_JohnsonJuly 10, 2025La investigación depende casi por completo de escuchas, lo que se vuelve tedioso rápidamente. Que esté basada en hechos reales no significa que el guion deba dejar de esforzarse: esto es un largometraje, no un documental.
L
Lawrence_KennedyJuly 10, 2025
Lawrence_KennedyJuly 10, 2025A investigação se baseia quase que exclusivamente em escutas telefônicas, o que rapidamente se torna entediante. O fato de ser baseado em fatos reais não significa que o roteiro deva parar de tentar — este é um longa-metragem, não um documentário.
K
Keith_GastoniaJuly 9, 2025
Keith_GastoniaJuly 9, 2025Embora não tenha muito suspense devido às suas raízes na vida real, o filme é envolvente com seu retrato perturbador de uma mulher que esconde um brilhantismo manipulador sob uma aparência frágil e simpática. Sua capacidade de provocar piedade e, ao mesmo tempo, controlar sutilmente todos ao seu redor é arrepiante. As boas atuações de todos os atores e a narrativa de ritmo firme fazem com que valha a pena assistir a esse thriller social espanhol.
L
Leslie_BurnettJuly 9, 2025
Leslie_BurnettJuly 9, 2025Aunque carece de suspenso debido a su base en hechos reales, la película atrapa con su inquietante retrato de una mujer que esconde una inteligencia manipuladora bajo una apariencia frágil y compasiva. Su habilidad para generar lástima mientras controla sutilmente a quienes la rodean es escalofriante. Las actuaciones son sólidas en todo el reparto y el ritmo narrativo, ajustado, convierte a este thriller social español en una propuesta muy recomendable.




















