
Cocoon (1985)★ 7.3/10
- Comedy
- Drama
- Sci-Fi
Directed by: Ron Howard
Written by: Tom Benedek, David Saperstein
A group of elderly people living in a nursing home discover the fountain of eternal youth. The only problem is that the magical place belongs to a group of aliens, and they don't know if their intentions are friendly.
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See all ›- WinnerAcademy Awards, USA 1986Oscar · Best Effects, Visual Effects
- WinnerAcademy Awards, USA 1986Oscar · Best Actor in a Supporting Role
- WinnerAcademy of Science Fiction, Fantasy & Horror Films, USA 1986Saturn Award · Best Director
- NomineeGolden Globes, USA 1986Golden Globe · Best Motion Picture - Comedy or Musical
- NomineeAcademy of Science Fiction, Fantasy & Horror Films, USA 1986Saturn Award · Best Actress
Reviews
E
Esteban EordoghJuly 26, 2026
Esteban EordoghJuly 26, 20264,5 de 5 estrellas 💫
Un abrazo cálido contra la nostalgia y el miedo a envejecer
Si hay una película que te reconcilia con la vida en una tarde lluviosa o en uno de esos días donde el futuro pesa un poco más de la cuenta, esa es Cocoon.
Dirigida por Ron Howard en pleno corazón de los años 80, la premisa suena como la típica locura de ciencia ficción de la época: un grupo de ancianos de una residencia en Florida descubre por casualidad una piscina cuyas aguas parecen devolverles la vitalidad, la flexibilidad y unas ganas desbordantes de comerse el mundo. ¿El truco? En el fondo hay sumergidos unos capullos extraterrestres que están usando el agua como incubadora.
Pero olvídate de la parte espacial por un segundo. Lo que hace que Cocoon se te quede pegada al pecho no son los efectos especiales (que, sorprendentemente, envejecieron con bastante dignidad), sino la forma en que trata a sus personajes.
Por qué sigue tocando una fibra sensible:
Personajes que se sienten reales: No ves a actores "haciendo de viejitos". Ves a Don Ameche, Hume Cronyn o Wilford Brimley encarnando a personas con miedos, dolores de espalda, matrimonios desgastados por las décadas y el miedo palpable a volverse invisibles para la sociedad.
La alegría de estar vivo: Hay escenas hermosas y profundamente humanas, como cuando se dan cuenta de que pueden volver a bailar, a nadar o a hacer el amor con la energía de sus veinte años. Esa euforia es contagiosa; te dan ganas de levantarte del sillón y celebrar que estás vivo hoy.
El reverso de la moneda: La película no cae en la trampa del optimismo barato. Plantea dilemas éticos durísimos sobre el egoísmo, la pérdida de los seres queridos que no pueden acceder a esa "cura" y la resignación de aceptar el ciclo natural de la vida.
Es una historia con mucho corazón, de esas que ya casi no se hacen en Hollywood sin recurrir al cinismo o al drama simplón. Te hace reír con ganas, te aprieta el nudo en la garganta y, al terminar los créditos, te deja con una sensación de paz maravillosa y unas ganas enormes de llamar a tus abuelos o a tus padres. Una joya imprescindible.
Un abrazo cálido contra la nostalgia y el miedo a envejecer
Si hay una película que te reconcilia con la vida en una tarde lluviosa o en uno de esos días donde el futuro pesa un poco más de la cuenta, esa es Cocoon.
Dirigida por Ron Howard en pleno corazón de los años 80, la premisa suena como la típica locura de ciencia ficción de la época: un grupo de ancianos de una residencia en Florida descubre por casualidad una piscina cuyas aguas parecen devolverles la vitalidad, la flexibilidad y unas ganas desbordantes de comerse el mundo. ¿El truco? En el fondo hay sumergidos unos capullos extraterrestres que están usando el agua como incubadora.
Pero olvídate de la parte espacial por un segundo. Lo que hace que Cocoon se te quede pegada al pecho no son los efectos especiales (que, sorprendentemente, envejecieron con bastante dignidad), sino la forma en que trata a sus personajes.
Por qué sigue tocando una fibra sensible:
Personajes que se sienten reales: No ves a actores "haciendo de viejitos". Ves a Don Ameche, Hume Cronyn o Wilford Brimley encarnando a personas con miedos, dolores de espalda, matrimonios desgastados por las décadas y el miedo palpable a volverse invisibles para la sociedad.
La alegría de estar vivo: Hay escenas hermosas y profundamente humanas, como cuando se dan cuenta de que pueden volver a bailar, a nadar o a hacer el amor con la energía de sus veinte años. Esa euforia es contagiosa; te dan ganas de levantarte del sillón y celebrar que estás vivo hoy.
El reverso de la moneda: La película no cae en la trampa del optimismo barato. Plantea dilemas éticos durísimos sobre el egoísmo, la pérdida de los seres queridos que no pueden acceder a esa "cura" y la resignación de aceptar el ciclo natural de la vida.
Es una historia con mucho corazón, de esas que ya casi no se hacen en Hollywood sin recurrir al cinismo o al drama simplón. Te hace reír con ganas, te aprieta el nudo en la garganta y, al terminar los créditos, te deja con una sensación de paz maravillosa y unas ganas enormes de llamar a tus abuelos o a tus padres. Una joya imprescindible.


































