
Dead End (1937)★ 6.9/10
- Crime
- Drama
- Romance
- Film-Noir
Directed by: William Wyler
Written by: Lillian Hellman, Sidney Kingsley
The lives of a young man, a young woman, a notorious gangster, and a group of street kids converge one day in a volatile New York City slum.
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- NomineeAcademy Awards, USA 1938Oscar · Best Art Direction
- NomineeAcademy Awards, USA 1938Oscar · Best Picture
- NomineeAcademy Awards, USA 1938Oscar · Best Cinematography
Reviews
F
fhpbooksMarch 4, 2026
fhpbooksMarch 4, 2026Este drama de barrio ambientado en el Nueva York de los años treinta no es precisamente un film noir como cabría esperar por contar con Humphrey Bogart, uno de los actores más emblemáticos del género. Es más bien un drama social inspirado en una obra de teatro. Y la historia, de hecho, es idónea para una pieza teatral, ya que la acción se desarrolla no sólo en una vecindad, con muy pocas locaciones, sino prácticamente en una sola calle, en esa que da título al largometraje, la “calle sin salida”.
El título, además, resulta también una metáfora para describir la dificultad a la que se enfrentan esos adolescentes callejeros para dejar atrás esa vida poco edificante. Y si bien es difícil, no es imposible; como nos demuestra el personaje de Dave, quien sí logró reformarse.
Un planteamiento parecido lo vimos en “Ángeles de caras sucias”(Michael Curtiz, 1937), donde también se hace un retrato de dos generaciones procedentes de la marginalidad y los bajos fondos – pero en esa otra película, empleando un tono más característico del cine negro, mientras que aquí, como ya mencioné, se pone más énfasis en el drama social. Y también en las “diferencias de clases”: pues en el mismo barrio conviven ricos y pobres. Los primeros en unos lujosos apartamentos con vigilantes de seguridad, los segundos hacinados en edificios muy destartalados y con plagas de cucarachas; pero ambos grupos son vecinos. También salta a la vista ese contraste en el caso del el niño rico y los granujas callejeros. Éstos, de hecho, están interpretados por los mismos jóvenes actores que encarnarían a la pandilla de “Ángeles de caras sucias”, y que fueron bautizados como los “Dead End Kids”, pues esta película fue su primera contribución a la gran pantalla.
Aunque tanto “Ángeles con caras sucias” como el film que nos ocupa pueden en cierto modo considerarse precursoras del cine de delincuencia juvenil (que en España derivaría en el subgénero quinqui), no hay constancia de que los “Dead End Kids” fueran una pandilla delictiva también en la vida real – como sí era el caso en muchas películas posteriores de ese estilo, donde los jóvenes protagonistas, al estilo del Vaquilla y el Torete, se interpretaban a sí mismos.
También está presente la crítica social hacia un sistema penitenciario que resulta inútil para reformar realmente a los delincuentes. Pues como se menciona en una escena, el reformatorio al que quieren llevar a Tommy es el mismo al que en su día llevaron a “Baby Face” Martin – quien tras su paso por ese centro “correctivo” se volvió mucho peor. El mensaje implícito parece ser que los reformatorios (y por extensión, también las cárceles) no sirven para hacer de los delincuentes ciudadanos decentes, sino que más bien sirven como universidades del crimen.
Felix Hahlbrock Ponce
fhpbooks.com/es
El título, además, resulta también una metáfora para describir la dificultad a la que se enfrentan esos adolescentes callejeros para dejar atrás esa vida poco edificante. Y si bien es difícil, no es imposible; como nos demuestra el personaje de Dave, quien sí logró reformarse.
Un planteamiento parecido lo vimos en “Ángeles de caras sucias”(Michael Curtiz, 1937), donde también se hace un retrato de dos generaciones procedentes de la marginalidad y los bajos fondos – pero en esa otra película, empleando un tono más característico del cine negro, mientras que aquí, como ya mencioné, se pone más énfasis en el drama social. Y también en las “diferencias de clases”: pues en el mismo barrio conviven ricos y pobres. Los primeros en unos lujosos apartamentos con vigilantes de seguridad, los segundos hacinados en edificios muy destartalados y con plagas de cucarachas; pero ambos grupos son vecinos. También salta a la vista ese contraste en el caso del el niño rico y los granujas callejeros. Éstos, de hecho, están interpretados por los mismos jóvenes actores que encarnarían a la pandilla de “Ángeles de caras sucias”, y que fueron bautizados como los “Dead End Kids”, pues esta película fue su primera contribución a la gran pantalla.
Aunque tanto “Ángeles con caras sucias” como el film que nos ocupa pueden en cierto modo considerarse precursoras del cine de delincuencia juvenil (que en España derivaría en el subgénero quinqui), no hay constancia de que los “Dead End Kids” fueran una pandilla delictiva también en la vida real – como sí era el caso en muchas películas posteriores de ese estilo, donde los jóvenes protagonistas, al estilo del Vaquilla y el Torete, se interpretaban a sí mismos.
También está presente la crítica social hacia un sistema penitenciario que resulta inútil para reformar realmente a los delincuentes. Pues como se menciona en una escena, el reformatorio al que quieren llevar a Tommy es el mismo al que en su día llevaron a “Baby Face” Martin – quien tras su paso por ese centro “correctivo” se volvió mucho peor. El mensaje implícito parece ser que los reformatorios (y por extensión, también las cárceles) no sirven para hacer de los delincuentes ciudadanos decentes, sino que más bien sirven como universidades del crimen.
Felix Hahlbrock Ponce
fhpbooks.com/es






















